A ti:
Veníamos caminando juntos, agarrados de la mano, por un camino resbaloso en el que era fácil caerse. Tu me sujetabas, y no permitías que nada me pasara, me sentía segura. Me contaste tu historia, tus ideas, anhelos, deseos y me ayudaste a crear los míos. Cuando pasaba un mal día me cantabas para alegrarme, y si no lo lograbas, llorabas junto a mí mientras me abrazabas. Pero, un día, sin decirme porque, cambiaste, sin quererlo así. A partir de allí fui yo quien tuvo que sujetarte, que mantenerte caminando, que evitar que te cayeras, y que siguieras caminando junto a mí. Te conté mis ideas, mis cuentos, y tu me ayudaste a creer en ellos. Mis palabras te mantenían en pie. Sonreías cuando estabas conmigo, pero llorabas cuando me iba. Eras tu contra algo más fuerte. Yo quise ayudarte, pero no era mi batalla, era la tuya. Empezaste a debilitarte, ya no había nada que pudiera ayudarte. Los días pasaron, y te atropellaron la esperanza. No quisiste hablarme, porque sabías perfectamente que no había barrera que detuviera tu llanto si me veías. No eras igual que antes. Ya no había nada que pudieras hacer.
Al principio dejé de caminar, no quería seguir sin ti. Nada tenía sentido. Ya nadie me contaba nada en el camino. Ya nadie me cantaba en esos días. No había nada.....
Los días pasaron, y tuvieron que levantarme, tuve que aprender a andar sin ti. Y lo hice. Se que eso es, quizás, por lo que estas más orgulloso.
Fuiste tu quien me motivo a hacerlo. Todo esto es por ti. Gracias.
(La peor entrada, pero aún así, quise compartirla. Gracias por leer.)
Bellísima entrada señorita Isabela.
ReplyDelete¡Muchísimas gracias!
DeleteQue lindo Isa, eres maravillosa
ReplyDelete