- Si hubiera hecho lo que tenía que hacer, no tendría que escribir ninguna carta.- Se dijo a si mismo, regañándose - Soy tan idiota. Por no haber corrido tras de ella, ahora tengo que escribirle una carta, y no se siquiera por donde empezar...mmm.... - Chasqueó sus dedos y anotó en el papel con letra oscura y cursiva: Mi amor, ni siquiera se por donde empezar. Yo sé que fui un idiota, un idiota por no haberte detenido. Pero, debes entender que no era algo que yo pudiera detener.
- Aunque... bueno, si podía detenerlo, si yo hubiera llegado al aeropuerto y le hubiera dicho todo, ella estaría aquí. - Tachó lo escrito anteriormente y escribió a un lado: Pude haberte detenido, pero no quise hacerlo.
- Aunque... bueno, si podía detenerlo, si yo hubiera llegado al aeropuerto y le hubiera dicho todo, ella estaría aquí. - Tachó lo escrito anteriormente y escribió a un lado: Pude haberte detenido, pero no quise hacerlo.
- No, no puedo escribirle eso ¡Es cruel! - Lo tachó y puso: Pude haberte detenido, pero no me dejé hacerlo. - Espera, así sueno muy contradictorio.... - Lo tachó.
-No sirvo para estas cosas - suspiró y apoyó la barbilla en su mano izquierda.
-¿Por qué todo es tan difícil conmigo mismo? - Levantó su cabeza, frunció el entrecejo y lanzó su pluma al otro lado de la habitación, el cual cayó justo debajo de la ventana. - Si tan solo le hubiera hecho caso a lo que yo quería, no se habría ido - Dijo, golpeando la mesa. - Si le hubiera dicho que no quería vivir sin ella, si le hubiera dicho que ella ilumina mis días, ella estaría aquí - Golpeó la mesa con más fuerza aún, lo que ocasionó que la taza se cayera, y rompiera en muchos pedazos. - No hay idiota más grande que yo. - Se agachó, y arrimó los pedazos de la taza lejos de sus pies - No le voy a escribir nada, no le interesa lo que un idiota como yo le diga, lo se. - Se levantó para buscar la pluma, pero antes de agacharse, se distrajo un momento viendo la ventana. Era rectangular, y a través de ella podía verse una pequeña porción de la ciudad. Un teatro, una biblioteca, una cafetería, un parque, una parada de autobús y, a lo lejos, una pequeña residencia. Había mucha gente entrando y saliendo de los distintos locales. Fue en esa ciudad, en esa pequeña porción de ciudad donde se vieron por primera vez. Caminó al otro lado de la habitación, arrimó la mesa y el escritorio hasta la ventana, tomó una hoja nueva, apoyó la cabeza en sus manos y se quedó mirando un rato a la ventana. Empezó a recordar como fue todo.
Ella era una artista, que trabajaba en el pequeño teatro que formaba parte de esa pequeña porción de ciudad, tenía mucho talento, más bien demasiado, pero los otros no lo notaban; era una mujer alegre, humilde e inteligente. Él, era un hombre solitario, dueño de la biblioteca de la pequeña porción de ciudad. Amaba la actuación y cada vez que podía se escapaba del trabajo para ir al teatro que estaba a 5 minutos caminando. Ir allí era una manera de sentirse menos solo. Una de esas muchas veces, fue a ver "Romeo y Julieta" que fue protagonizado por esa artista. Le gustó mucho la obra, el sonido, la música, el vestuario... pero, lo que más le gustó, fue la Julieta. Al terminar, fue a la parte trasera del teatro, donde había una gran puerta negra, la cual era la salida de los artistas, donde se sentó a esperarla. Después de un rato no muy largo, apareció la Julieta. La saludó, la felicitó por su actuación y la invitó a tomar un café en la cafetería que estaba en esa pequeña porción de ciudad. Ella le contó cuanto amaba los libros, y él le contó cuanto adoraba el teatro; se dieron cuenta de que, eran diferentes, pero aún así, se complementaban. De allí en adelante empezaron a salir todos los días; ella lo coleaba en el teatro gratis, y él le prestaba libros de la biblioteca sin tener que pagar. Siempre hablaban, y buscaban temas, y temas de conversación para pasar más tiempo con el otro; los silencios no eran incómodos y las palabras eran sinceras. Pero, llegó un momento en que las diferencias entre ellos se hicieron notables, y empezaron las peleas. Discutían por cosas estúpidas e inútiles, pero, pronto esas cosas pudieron más que ellos. Dejaron de verse tan a menudo, dejaron de hablar y de estar juntos. Cada vez que él decidía ir al teatro, se aseguraba de que en la obra no actuara ella. Y por su parte, ella iba a la biblioteca de noche, cuando el no estaba. Ambos querían verse, ambos querían que todo volviera a ser como antes, pero, el orgullo no se los permitía. Un buen día, él recibió una carta de ella, en la que le informaba que se iría a vivir a New York dentro de 2 días, pues un profesor de una academia muy importante vio una de sus obras, y quedó tan impresionado que le pidió que fuese a estudiar allá. Él, estuvo dándole vueltas a la cabeza durante 2 días, para ver si corría a buscarla, o la dejaba ir. Al final, él decidió no hacer nada al respecto. Ahora estaba allí, sentado, recordando toda la historia, y sin poder hacer nada.
Unas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, tomó su pluma, y empezó a escribir.
Ella era una artista, que trabajaba en el pequeño teatro que formaba parte de esa pequeña porción de ciudad, tenía mucho talento, más bien demasiado, pero los otros no lo notaban; era una mujer alegre, humilde e inteligente. Él, era un hombre solitario, dueño de la biblioteca de la pequeña porción de ciudad. Amaba la actuación y cada vez que podía se escapaba del trabajo para ir al teatro que estaba a 5 minutos caminando. Ir allí era una manera de sentirse menos solo. Una de esas muchas veces, fue a ver "Romeo y Julieta" que fue protagonizado por esa artista. Le gustó mucho la obra, el sonido, la música, el vestuario... pero, lo que más le gustó, fue la Julieta. Al terminar, fue a la parte trasera del teatro, donde había una gran puerta negra, la cual era la salida de los artistas, donde se sentó a esperarla. Después de un rato no muy largo, apareció la Julieta. La saludó, la felicitó por su actuación y la invitó a tomar un café en la cafetería que estaba en esa pequeña porción de ciudad. Ella le contó cuanto amaba los libros, y él le contó cuanto adoraba el teatro; se dieron cuenta de que, eran diferentes, pero aún así, se complementaban. De allí en adelante empezaron a salir todos los días; ella lo coleaba en el teatro gratis, y él le prestaba libros de la biblioteca sin tener que pagar. Siempre hablaban, y buscaban temas, y temas de conversación para pasar más tiempo con el otro; los silencios no eran incómodos y las palabras eran sinceras. Pero, llegó un momento en que las diferencias entre ellos se hicieron notables, y empezaron las peleas. Discutían por cosas estúpidas e inútiles, pero, pronto esas cosas pudieron más que ellos. Dejaron de verse tan a menudo, dejaron de hablar y de estar juntos. Cada vez que él decidía ir al teatro, se aseguraba de que en la obra no actuara ella. Y por su parte, ella iba a la biblioteca de noche, cuando el no estaba. Ambos querían verse, ambos querían que todo volviera a ser como antes, pero, el orgullo no se los permitía. Un buen día, él recibió una carta de ella, en la que le informaba que se iría a vivir a New York dentro de 2 días, pues un profesor de una academia muy importante vio una de sus obras, y quedó tan impresionado que le pidió que fuese a estudiar allá. Él, estuvo dándole vueltas a la cabeza durante 2 días, para ver si corría a buscarla, o la dejaba ir. Al final, él decidió no hacer nada al respecto. Ahora estaba allí, sentado, recordando toda la historia, y sin poder hacer nada.
Unas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, tomó su pluma, y empezó a escribir.
Magnifique..
ReplyDeleteMerci beaucoup c:
DeleteTe amo
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