Thursday, December 6, 2012

Idiomizada.

 Desde que tengo memoria me ha gustado leer, ya sean libros, cuentos, frases, historias, y por ahí sigue la línea. Creí que buscaba vivir entre lecturas porque así escapaba de la realidad que me tiene como convicta, o de la rutina que siempre ha estado cansándome, y lograba así viajar a otros lugares, vivir otras vidas, sin siquiera subir a un avión, o tener que volver a nacer, y en parte, es cierto. Pero más recientemente me he dado cuenta de que el origen de mi amor por la literatura no gira completamente en torno a esto, si no que tiene su raíz en otro aspecto que recién ahora descubro: sumergirme en el impecable y deleitoso castellano.
  Leo a García Marquez, a Cortázar, o a Benedetti, no precisamente porque gusto de sus historias o personajes, si no porque admiro, respeto y amo la forma en que logran maniobrar el idioma. Hablo de la forma en que saben combinar, coordinar y compaginar cada una de las palabras, la forma en que consiguen envolverte en español de la manera más suave y agradable. Sus vívidas descripciones que te hacen respirar el aire del lugar, o palpar a la persona. Son las vueltas y curvas que dan a la hora de escribir, que te enredan, te hunden y de las cuales nunca he querido salir.
  Existen fragmentos, en los que logran expresar de forma tan perfecta sus sentimientos, que puedo sentir como estos mismos corretean por mi cuerpo y estallan en mi pecho, es tanto el esplendor de cada detalle, que logran contagiar alegría, felicidad y tristeza como si estos fueran la viruela. Es como si el sentir se hubiera tomado de la mano con el español y hubieran caminado juntos por un rato, a pesar de la enemistad que existe entre ambos a la hora de escribir, como si el artista hubiera negociado con el uno y con el otro.
   Momentos han habido en los que la composición que logró el autor es tan encantadora, que he sentido mariposas revoloteándose en mi estómago, exactamente igual a las que se sienten cuando se está enamorada, y puede que ésto se deba a que esté prendada por la maestría y la destreza que tienen ciertos seres al escribir, no tanto por las ideas o percepciones que les pasean por la cabeza, si no la manera en que usan el castellano para plasmarlas.
 También me gustaría acotar que esto no es solo con los libros, también suele suceder con la música, aunque a menor escala y solo con ciertos músicos.
  A mi parecer el castellano es el idioma más bonito, el más exquisito, el más expresivo, y si hablamos de fonética, es, sin duda, el más agradable y dulce. Nunca he tenido las mismas sensaciones que tengo al leer o escuchar algo en castellano, que leyendo o escuchando algo en cualquier otra lengua, este idioma logra absorberme de una forma inigualable. 

Friday, November 23, 2012

Comensalismo ambiguo.

 "Me rindo, no doy para más. Coloco el punto final. Bajo las armas. Con estas cosas no se puede rivalizar" fue lo que pensé por la mañana, cuando se escapó la bestia que llevaba aprisionada tanto tiempo; podría afirmar que fui más fuerte por un tiempo, que tuve el control, que le supe civilizar, pero, ¿realmente la tuve encerrada, o solo estaba oculta en algún rincón, para hacerme creer que yo llevaba cierta ventaja? ¿realmente existió esa competencia, o solo la imaginé?
  A este punto, me he dado cuenta de que son otros seres a parte, no están ni aquí, ni allá, pero si en todo lo demás. Su comportamiento es insólito, son indomables, no se les puede someter, amaestrar, o desbravar, y mucho menos refinar. 
  Tienen formas muy particulares de recordar que están allí, y que no se han rendido, que no son de los que pierden las batallas. Burlan tu guardia, derriban puertas, saquean, sacuden el alma, toman lo que quieren, hacen lo que quieren, y luego, desaparecen. Cual invasión bárbara, cual pueblo huno arrasando con el reino visigodo. No tienen piedad, ellos son.
   Son engañosos, no se dejan controlar por promesas, repugnan los compromisos, aborrecen el encierro y temen a la verdad. Ponen barreras al entendimiento y van de mano con la ilusión.
    Desde el principio siempre ha sido una batalla perdida, una serie de vagos intentos amarrados en cadena, de teorías insulsas.
   No está de más intentar construir muros de olvido, con bloques de indiferencia, cemento de distracción y grava de neutralidad alrededor de su guarida, pero siempre habrá una nube de recuerdos, que le den ánimos al engendro, los suficientes para que salgan y destruya lo vagamente construido.
    No se puede dialogar con éstos, no poseen esa clase de entendimiento, no se puede debatir, mucho menos llegar a un acuerdo... en otras circunstancias, habría dicho que todo se trata de intentar y no rendirse, de seguir y no dejarse vencer, pero, me pido las más sinceras disculpas a mi misma: esta vez tomaré una vía distinta.
   Quizás solo haga falta ser marioneta un tiempo más, seguir a esa clase de líderes, dejarse hacer añicos, porque quizás valga la pena. Únete al enemigo, y pasará a ser amigo.
 

  Hay quienes dicen que al final de todo, somos lo que hacemos para ponerles un paro, pero, ya que esto no es posible ¿somos nada, o simplemente somos muy poco?
    

Sunday, October 28, 2012

Redactado a las apuradas: un resumen de lo visto y oído.

"No estamos aquí para entender a los demás, tampoco para entender las vueltas que da la vida, mucho menos a nosotros mismos, estamos aquí para hacer algo que a pesar de que se vea y suene muy sencillo, es todo lo contrario: vivir. 
 Si, vivir, ya sabe usted de que hablo: caminar, correr, tropezar, resbalar, caer, levantarse, atreverse, aprender de los demás, enseñarle a los demás quizás... sentir, reír, llorar, sufrir (y estas dos últimas sean quizás las más importantes) dejar de temerle a los sentimientos, dejar de temerle al dolor que le sigue al amor profundo, dejar de ponerles barreras, dejar que todos tus sentimientos sean verdaderamente grandes, hablo de que le consuman, correteen por su cuerpo y estallen en su pecho. ¡Usted está aquí para sentir de todo menos preocupación, pierda todo miedo! 
 ¡Querida! en este retorcido mundo no hay ninguna clase de objetivo, simplemente naces, mueres, y hacer cualquier cosa que deses en ese intermedio, y oye, no vaya usted a negarme lo maravilloso y variado que es este corto intermedio en el que hemos coincidido. 
 Permita por favor que me disculpe, no ha sido mi intención escuchar sus infinitas quejas a gente desconocida, no ha sido mi intención nacer con la curiosidad tan grande, y pienso que no ha sido su intención tener la lengua tan larga y no temer a ser escuchada por toda clase de gente.
 Antes de despedirme quisiera decirle, de antemano y antepie el clásico "de nada" que no podré expresarle formalmente, ha sido un placer ser leído por usted y mucha suerte en su ensortijada vida de adolescente desesperada."

Monday, September 24, 2012

Dos desconocidos conversando.

  "Vaya, mi vida parece una de esas malas películas clichés. ¿Y que se supone que deba hacer ahora? ya nada tiene sentido." Era lo único que pasaba por mi mente aquella tarde de camino a la cafetería de la esquina: La mujer de mi vida me dejó por otro, me han botado del trabajo y ahora, como si de nuevo tuviera 11 años, debo ser mantenido por mi madre, a quien  le he pedido un poco de dinero para sentarme aquí, para tomarme un capuchino y discutir mi desgracia con la soledad. Traje mi diario, una pluma y un sentimiento de vergüenza que cargo en la espalda, todo lo necesario para pasar una tarde. Pido mi café y me siento en una mesa que estaba en la parte de afuera del local, desde donde podía ver la calle y sentir el humo de los tubos de escape de los autos.
 Tomé un sorbo de mi bebida y empece a escribir sobre lo hija de puta e injusta que era mi vida, no pude evitar la salida de dos lagrimas, que se deslizaron por mis mejillas y terminaron su recorrido chocando contra las páginas amarillentas de mi cuaderno. Que barbaridad, con que facilidad se le podía venir el mundo abajo a una persona, con que sencillez todo podía derrumbarse, sin aviso ni razón aparente.  Bajé la cabeza y seguí moviendo la pluma.
- Puedo darme cuenta de cuando alguien ha recibido una patada de la vida, solo con verlo. - Dijo una voz ronca junto a mí. Levanté la cabeza y me encontré con la imagen de un hombre entrado en añitos, con un bigote blanco y espeso, mejillas regordetas y una boca sonriente en medio de ellas, con muy escaso cabello en su cabeza. Traía un cigarro encendido en su mano, que aspiraba con aire de superioridad.
- Disculpe, usted está equivocado. - Mentí, no tenía ganas de dar explicaciones y menos a un desconocido.
- ¿Crees que soy tonto? puedo verlo en tus ojos, en la manera en la que sorbes tu café, en la manera en que mueves tu mano al escribir.
- No señor, usted está..
- Es una mujer, es el trabajo, tu voz me lo dice todo. - Caray, el tipo es bueno.
- ¿Usted me ha estado espiando?.
El hombre soltó una sonora carcajada, tomó una silla y  se sentó junto a mi. Levantó la mano para llamar la atención de un mesonero, quien pareció reconocerlo y le devolvió el saludo con una gran sonrisa.
- Así que, la vida te está dando uno de sus golpes ¿eh?
- Disculpe señor, pero esto no es de su incumbencia. - ¿Quien se ha creído este tipo que es? metiendose en cosas ajenas, bah, que asco me da cierta gente.
- ¿Sabes? debía conocerte, por algo la vida me ha traído hasta esta cafetería, hasta ti.
- ¿Como dice usted? - Y aquí empece a preguntarme si este hombre no tendría marihuana envuelta en su cigarrillo.
- Ley número uno "no conocemos a nadie por casualidad"
- ¿Y entonces?
- Pues, eso. - Este tipo está demente.
- Disculpe señor ¿podría usted dejarme solo? - Cuando terminé de decir esto, un mesonero apareció con una gran taza de café negro que le entregó a mi nuevo conocido, quien le agradeció con un gesto de la mano. El tipo estaba, literalmente invadiendo mi espacio personal.
- No, no puedo dejarte, debo tomar mi café.
 - Señor, le pido por favor que se retire a otra mesa, deseo estar solo.
 El hombre aspiró de su cigarro con fuerza, me miró atentamente por un momento, luego soltó el humo en mi cara y dijo:
- Puedo ver en tus ojos que deseas mi ayuda, solo que tu orgullo no te deja. - Arqueó su ceja izquierda y me dirigió una pequeña sonrisa.
 Demonios, este hombre loco estaba metiéndose en mi vida a las patadas, pero, a pesar de ello, había algo,  no lo se, algo de condescendencia, benevolencia  y comprensión en sus ojos, era un pequeño destello que inspiraba confianza y seguridad. ¿Debía confiar? ¿debía contarle todo a este simple desconocido? ¡que carajos! ¡no creo que vuelva a verlo nunca más en mi vida!
- Bueno...
- Sabía que cederías - El hombre se acomodó en su asiento, dichoso.
- La mujer que yo amaba, o bueno, la mujer que amo... - No podía seguir hablando, no sin sentir ese nudo en mi garganta.
- Vamos, continúa. - Dijo el, aspirando de su cigarrillo y brindándome una mirada tranquila y serena.
- Me dejó por otro. Y me botaron de mi trabajo, ahora no soy mas que un inepto, un inútil, un pobre solitario que vive con su madre. - Lo dije muy rápido, las palabras se atropellaron en mi garganta. Bajé la mirada, avergonzado.
- Ya veo, ya veo - dio un largo sorbo a su café y continuó, tan sereno como antes - Óyeme, ¿la tierra ha dejado de girar?
- Eh, no.
- Y sigues respirando ¿cierto?
- Pues, como usted puede ver, así es.
- Muy bien, entonces ¿de que te preocupas?
- ¡¿Como que de que me preocupo?! ¡mi vida se derrumba a mi alrededor!
- Pero respiras, y la tierra aún gira, así que puedes reconstruirla. Todo es posible.
- No es así de fácil.
- Es fácil, es muy fácil. Solo que tu mismo no te dejas verlo así.
- Quisiera verlo a usted en mi lugar.
- Ya estuve allí. - Dijo, mientras apagaba el cigarrillo, lo metía dentro de una servilleta y lo guardaba en su bolsillo.
- No lo creo.
- Créeme.
 Alguien que la haya pasado tan mal como la estoy pasando yo no se recuperaría con tan buena actitud.
- Mi mujer me dejó. - continuó el hombre - por uno más joven y adinerado que yo. Seguidamente me botaron de mi trabajo, pero, a diferencia tuya, no tuve hombro donde llorar, y no tuve madre que me pudiera recibir en su casa.
- ¿Y qué hizo usted?
- Pues, reconstruir mi vida, que es exactamente lo que debes hacer tu.
- ¿Como lo hizo?
- Empece a pintar y a vender mis pinturas, me hice famoso.
- Así que ¿yo debo pintar?
- No tonto, a ti te toca hacer algo diferente.
- ¿Qué?
- Si no lo sabes tu, menos lo sabré yo. - Vaya, el tipo es bueno.
- ¿Cómo supo usted que debía hacer?
- Solo presté atención.
- ¿Atención a que? - Inquirí yo. El hombre respiró un poco preocupado, tomó un gran trago de su café, pensó un momento, y continuó.
- Mira, Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, como tu desees llamarle, siempre tiene un plan, que nunca te mostrará, pero, si prestas atención, podrás ver cual es el siguiente paso.
- Pero, no hay siguiente paso, ya la mujer de mi vida me abandonó.
- Entonces ella no tenía que seguir en tu vida. Hay muchas mujeres allá afuera. Quizás ella parezca la única, pero no es así.
- Pero, yo la amo.
-Ella no te ama a ti. - Sus palabras fueron como un garrote atravesando mi pecho. -Debes aprender a vivir y ser feliz con ello. Debes aprender a utilizar tus problemas como trampolín, no como sofá.
- Eso es imposible.
- Óyeme bien, hijo, si Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, puso esto en tu camino es porque tu puedes lidiar con ello.
- Pues, Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, se equivocó, yo no puedo lidiar con ello.
- No, nunca se equivoca. - Ese último comentario me frustró bastante, es decir, realmente, se había equivocado, soy muy débil para poder seguir con esto. - Y tranquilo, lo de tu trabajo se solucionará, pero solo si pones manos a la obra. - Terminó él de decir.
- Con este ánimo no tengo ganas de poner manos a la obra. - Cuando dije aquello, un sentimiento de tristeza, melancolía y amargura se enredó en mi cuello. Quise llorar, pero me tragué mis lagrimas.
- Esta bien, llora. - Dijo él, muy tranquilo.
- ¿Qué?
- Pues que llores.
- Te estas contradiciendo.
- ¿Por qué lo dices?
- Oh, vamos, acabas de decirme que debo ser feliz y toda esa brujería rara tuya, pero ahora, me pides que llore.
- No me estoy contradiciendo.
- Claro que si.
- Llorar es una de las mejores cosas de la vida; es la mejor forma de drenar, de sacar todo eso de ti.
- Entonces...
- Llora. Llora hasta quedar seco, llora hasta que no puedas más, llora hasta que tus glándulas lagrimales se vacíen y tengas que ir a un médico a que te pongan unas nuevas. Una vez que todo eso haya terminado, levántate, y sigue adelante, lleno de felicidad.
- No puedo hacer eso, no puedo ser feliz de nuevo.
- Claro que si, solo tienes que aprender a decirle "Jódete" al mundo, de vez en cuando, cada vez que sea necesario.
- Estas loco.
- ¡Gracias!
- Eso no ha sido un halago.
- Para mi lo es, me alegra que ya sepas exactamente como soy, a pesar de tener tan poco tiempo conociéndonos.
- Eeehh...
- Veras, mi mente es un lugar bastante curioso, me entretengo mucho recorriendolo. - Pude notar que estaba apurando sus palabras, quizás ya debía irse.
- Haz perdido el poco de cordura que te quedaba.
- Estoy loco, feliz, enamorado de la vida y de mi mismo.
- ¿Pero como puedes amar la vida después de todo lo que te ha hecho?
- La amo por todo lo que me ha hecho. Por todos los golpes que me ha dado, por todos los empujones, por todas las patadas.
- ¿Como es eso posible?
- Lo hace por mi bien, para que yo aprenda a ser fuerte, para que aprenda vivir, no solo a sobrevivir. La vida es una excelente maestra, si no aprendes la lección, te la repite. - Dio el último sorbo a su café.
- Ella es bastante hija de puta.
- No, no, es solo que utiliza un método bastante diferente, pero efectivo: ella te da el examen y luego, te enseña la lección.
- Pero, es que ¿que puedo aprender de esta experiencia? nada, no veo ninguna lección.
- Quizás ahorita te parezca así, pero más adelante los puntos se unirán, y comenzaras a entender. No juzgues al universo.
- Pero...
- Confía en la vida, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. - Dijo él, mientras sacaba dinero de su bolsillo y lo colocaba junto a su taza de café ahora vacía. - Ya debo irme, pero, si la vida lo quiere, volveremos a encontrarnos. - Dijo mientras se levantaba de la silla, y encendía un nuevo cigarrillo. - Adiós, ha sido un verdadero placer - Se dio media vuelta para irse, pero luego de avanzar unos pocos pasos, se detuvo, me observó y dijo - Y, no es por arruinarte el final pero, todo va a estar bien. - Sonrió, y siguió su camino.
- ¡Oye! - Lo detuve con un grito. Él se dio la vuelta, sonriendo. - ¡Gracias por todo, lunático! - Él se limitó a hacerme un gesto con la mano, y aspirar de su cigarrillo. Tomó un taxi, y se fue.

Monday, September 10, 2012

Confluencia con las palabras.

 Fue una tarde en la que me encontraba completamente sola, viajando por uno de mis mundos distantes, cuando me formulé a mi misma, y de golpe, la siguiente interrogante "¿quién soy?" claro, la típica pregunta de una adolescente frustrada, y, como era de esperarse, me respondí a mi misma con una pizca de incomodidad "Isabela Naranjo" eso aclaro mi duda por un momento, pero allí brotaron en mi nuevas preguntas "¿qué hay detrás de ella?, ¿quien es?, ¿que quiere? y ¿que espera?" esperé entonces a que mi "otra yo" me respondiera, pero no hubo ninguna réplica, y eso me frustró mucho más. ¿Donde podía buscar? ¿cual podía ser mi referencia? entonces supe en ese momento "no hay ningún lugar ostensible y palpable, ni ninguna referencia" Entonces me di cuenta "están dentro de mí, solo hay que buscar" llegué entonces a una dos nuevas, y quizás, las más difíciles disyuntivas "¿cómo buscar?" y, si lograba encontrarlas "¿cómo saber que eran las respuestas correctas?" 
  Me senté un buen día frente a la pantalla de mi computadora, y sin saber como ni de que manera, llegué aquí, presioné el botón  "Crear nueva entrada" y sin saber como empezar, como avanzar ni como terminar, empece a deslizar mis dedos por el teclado; las ideas se amotinaban en mi mente, las palabras saltaban sobre mí, los personajes empezaban a salir, yo solo escribía sin pensar, y sin saber que esperar. Fue una experiencia un poco angustiosa y casi ficticia al mismo tiempo. Al colocar el punto y final  me sentí un poco mas libre, un poco mas suelta, un poco mejor, entonces, se respondieron unas preguntas "escribir me llena, esa insulsa y fantástica lucha con el idioma me apasiona, quiero hacerlo hasta el momento en que muera y espero que algún dia mis palabras marquen la vida de algún ser humano" 
   Me di cuenta que escribiendo "desempolvaba" los olvidados rincones de mi mi mente, y de mi persona. Y a medida que fui escribiendo mas y mas entradas descubría más y más cosas sobre mi, y déjenme decirles, conocerme ha sido un verdadero placer. 
   Escribiendo mis siete entradas me he dado cuenta de que amo las cosas complejas, las cosas que no se conocen completamente a simple vista, los remolinos de ideas y las preguntas, de que idolatro a las personas a las que no les descubres la personalidad en la primera conversación, las personas diferentes, de que valoro lo original, las cosas ambiguas, lo extraño. Pude ver entonces que soy un cocktail, un conglomerado, una mezcla de personalidades, todas presentadas en pequeñas dosis en cada una de las historias que escribo. 
 Aun no se quien soy, aun no estoy completamente segura, no creo que este cerca de poder responder esta pregunta, no creo que nadie pueda. 
  Descubro un poco de mí a cada segundo, y así, descubro un poco el resto del mundo.

Saturday, September 1, 2012

3a parte. La dulce salida a la amarga dificultad.

 La muerte del pequeño cachorrito afectó bastante a la señora Fiorella "Te creía un poco más inteligente, Bruno" y "Yo entiendo que Otto no te caía muy bien, pero no tenías que dejarlo morir" fueron las palabras de la gorda señora. Como era de esperarse, Bruno fue despedido, y la señora Fiorella organizo un pequeño entierro en el parque de la esquina, y, por supuesto él no fue invitado.
 Todos creyeron que él no había luchado para salvar al cachorrito; sus hermanos, su abuela, sus compañeros del colegio, vecinos.. la única persona que confiaba en su inocencia, era su abuelo. Pasaron los días y Bruno intentó buscar trabajo con otros vecinos, ofreciendo servicios de todo tipo, pero la señora Fiorella se había encargado de compartir la patraña con todos, y ya Bruno era conocido como  "el pequeño asesino de perros".
 Luego de la escuela, Bruno iba a tocar timbres, esperando que alguien lo tomara en cuenta y quisiera contratarlo; algunos le decían "No necesito ninguna clase de servicio" lo cual claro, era un mentira, otros se limitaban a ignorarlo por completo y no abrir nunca la puerta, pero habían otros que le decían de frente "No quiero muchachos como tu en mi casa".
 Una de esas muchas tardes, luego de infinitos rechazos, Bruno llegó a casa, abatido, desesperanzado. Cerró la puerta con un golpe, y con la cabeza baja, se fue directo a su cuarto. Su abuelo lo detuvo con un grito desde la mecedora. "¡Bambino! ¿Por qué la cara larga?" Bruno solo quería ir a su cuarto, estar solo, pero, aún así, no quería dejar a su abuelo hablando solo.
- Ah, nonno, es que... nadie quiere contratarme. - Contestó, intentando sonreír.
- Oh, pequeño, ven aquí. - Dijo su abuelo, sonriendo, y abriendo sus brazos. Bruno corrió hacia él a abrazarlo. - Pero, déjame decirte que siempre parece imposible, hasta que esta hecho. Quizás tu bicicleta está mucho más cerca de lo que crees.
- Desde cierto punto de vista, mi bicicleta está cerca, porque, me falta poco dinero, pero, viéndolo desde otra perspectiva... está lejos, porque no tengo forma de ganar más. - Una lágrima bajó por su mejilla.
- En cierta forma, es bastante gracioso.
- Nonno... - Su abuelo solía ser bastante bromista, pero ciertamente, ese no era el mejor momento.
- Perdóname Bambino - Lo levantó y se lo sentó en las piernas - solo intenté hacerte sonreír.
- Pues no lo lograste. - Bajó la mirada. Su abuelo puso su manos bajo la delgada barbilla de Bruno y levantó su cara suavemente.
- Confía en la vida bambino, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
 La mirada de Bruno se llenó de confusión.
- No... entiendo.
- Es que la vida no puede entenderse ¡si ni siquiera podemos entendernos a nosotros mismos!
Bruno se confundió aún más.
- Tu... solo confía en la vida. - Dijo su abuelo, acariciándole la cabeza con delicadeza.
- Sigo sin entender - Insistió
 Su abuelo le sonrió, lo colocó en el piso con suavidad, se levantó de la mecedora y se fue a la cocina.
   Raras eran las veces que Bruno o cualquiera de sus hermanos comprendían las palabras de su abuelo; eran complejas e intrigantes, pero a la vez sabias y conmovedoras. Su nonno, sabía mucho sobre muchas cosas, era un hombre excepcional, culto y cariñoso, "un sabio" como decía el hermanito de Bruno.
   Una parte de él le decía que debía confiar en la vida, como se le había dicho, otra parte le decía que no había nada en que confiar, ya la vida lo había traicionado, pero una tercera y más grande parte de él le decía que debía levantarse e irse a su habitación, porque agachado allí estaba dañándose las rodillas.
  Respiró hondo, apoyó su mano en el asiento, y se levantó, pero, cuando lo hizo la mecedora se inclinó hacia adelante, un sobre blanco cayó al suelo. Bruno lo recogió, y vio que tenía escrito en tinta negra y con la característica letra cursiva de su abuelo "Un regalo. No debes agradecerme nada.". Adentro había dinero... ¡el que necesitaba para comprar la bicicleta! ¡Era la dulce salida de la amarga dificultad!

 A la mañana siguiente, sábado, Bruno se levantó muy temprano, desayunó y se fue a buscar la bicicleta, con el sobre lleno de dinero en su bolsillo. Finalmente, estaba a solo pasos de su tesoro, por el que había trabajado por tantos meses, por la que había masajeado patas, bañado y alimentado a dos perrotes con problemas para controlar la ira y un perrito malcriado; le había salido demasiado caro.
 Llegó a la tienda con una sonrisa pintada en la cara, la cual se borró rápidamente, cuando se asomó en la vidriera y se percató de que allí no estaba la bicicleta. Bruno se precipitó rápidamente en la tienda.
- ¡Señor! ¿Y la bicicleta que ha estado en la vidriera todos este tiempo?
- La vendí. - Contestó el vendedor, muy antipático.
- ¿CÓMO DICE? - A Bruno se le vino el mundo encima.
- Que la vendí, ayer una niña vino y la compró
- No.. no pudo haberla vendido
- Si, si pude. Debiste haber llegado antes.
 - ¿Está usted seguro?
- Completamente seguro.
 Esa respuesta fue como un balde de agua fría en la cabeza de Bruno. Bajó la mirada, y se fue lentamente de la tienda. Una nube negra se posó sobre la cabeza de Bruno. Al vendedor se le arrugó el corazón.
 "Espero que la vida tenga una muy dulce salida a esta sumamente amarga dificultad" dijo Bruno para sus adentros.
- Em, niño, espera.... tu....realmente querías una bicicleta... ¿no es así? - Preguntó el hombre, con un poco de tristeza en su cara.
- Si señor, con todas mis fuerzas - Dijo Bruno, deteniéndose, pero sin mirarlo.
- Espera...Creo que tengo otra por aquí - Y se fue rápidamente a la trastienda.
Ya empezaba a salir el sol. Y la sonrisa que antes se había borrado del pequeño, volvió a aparecer. ¡La vida no podía ser tan injusta con un pequeño niño inocente!
- Bueno.. - Dijo el hombre saliendo de la habitación, con una bicicleta vieja, decrépita, achacosa, estropeada, gastada, con un caucho espichado, en fin, una verdadera basura. - No está nueva. Le perteneció a un chico que trabajó aquí anteriormente, lleva años guardada allí. Con unos cuantos arreglos, quedará como nueva.
 Y esa sonrisa volvió a desaparecer. Bruno dudó, pero, ya no había nada mas.
- Y... ¿en cuanto me la dejaría? - Preguntó Bruno.
- No te cobraré.
- ¿En serio?
- Tendrás que hacerle arreglos, no serán gratis, y tampoco baratos.
 Bueno, al menos era una bicicleta.
- ¡Me la llevo! - Fingió alegría. El hombre sonrió, sintió que había colaborado en una obra de caridad. Le entregó la bicicleta y Bruno fue inmediatamente a el taller que estaba a dos cuadras. Al principio estaba bastante deprimido, porque había trabajado demasiado por algo que ahora nunca tendría, y en su lugar tenía una basura, por la que debía pagar para arreglarla ¡la vida era una verdadera descarada!. Pero, quizás no era tan malo, al menos tenía una bicicleta, dañada y decrepita, pero la tenía.
 Llegó al pequeño taller, que pertenecía a un viejo amigo de su abuelo.
- ¡Hola pequeño! - Lo saludó Claudio, el viejo y gordo dueño al verlo entrar.
- ¡Claudio! ¿crees que puedas hacer algo con esto?
- Eeeh.. ¿qué es eso? - Dijo señalándola con desagrado.
- Una bicicleta.
- ¿Estás seguro de que lo es?
- Pues, eso espero...
 Claudio la miró de cerca y con mucha atención, y se puso a calcular cuanto le costaría. Él sabía que la familia de Bruno no tenía mucho dinero, y que de seguro no podrían pagarle.
- Mmmm... creo que puedo, pero no será barato
- ¿Basta con esto? - Preguntó Bruno, entregándole el sobre. Claudio lo abrió y contó los billetes muy superficialmente.
- Si, está completo. Te avisaré con tu abuelo cuando esté lista ¿de acuerdo?
 Bruno dio una sincera sonrisa como respuesta, y se fue a su casa, a contarle a su abuelo lo que le había pasado.
  De camino a casa, se puso a pensar, y llegó a la conclusión de que, en cierta forma, era el niño con más suerte en el mundo; quizás con todos los arreglos, esa carcacha llegaría a ser mil veces mejor que la otra bicicleta. A Bruno no siempre le salían bien las cosas, pero casi siempre buscaba el lado bueno de los problemas.
 Al llegar a su pequeña casa, vio a una ambulancia estacionada afuera, no podía ser nada bueno.
(Continuará...) 


Saturday, August 25, 2012

2da parte. La madera cortada por uno mismo calienta mucho más.

  Al principio los "niños" de la señora Fiorella no querían mucho a Bruno; cepillarlos, bañarlos y masajearlos era una dura tarea debido a su falta de cooperación, Otto, el pequeño perro café era el único que apreciaba un poco a Bruno. Lo mordieron más de una vez, aunque, para él, era algo así como una ventaja, pues la señora Fiorella le pagaba de más cuando pasaban esos incidentes "Son niños, no saben lo que hacen. Disculpalos y comprate un helado, clavelito" le decía ella (aunque, claro está, Bruno no compraba ningún helado)
 El tiempo fue pasando, y los perros tuvieron que acostumbrarse a la presencia de Bruno. Luego de varios meses, ya lo respetaban y querían, al igual que la señora Fiorella, que empezaba a ver a Bruno como ese nieto que nunca tuvo. 
- Bruno, clavelito ¿cuando es tu cumpleaños? - Le preguntó una noche, justo antes de que se fuera
- El 15 de Marzo, señora. - contestó 
- ¡Oh, queridito! ¡Pero si eso es mañana! 
- Si, lo se señora. 
- ¿Que quieres que te regale? 
- No tiene que regalarme nada, tranquila. 
- ¡Anda! ¡Deja que te regale algo! - Dijo ella, mientras se cruzaba de brazos
- No señora, no tiene que darme algo. No necesito nada - Contestó Bruno, aunque estuvo a punto de decir "Podría ser la hermosa bicicleta de la tienda de la esquina, señora Fiorella" pero recordó todo eso de conseguirla con el sudor de su frente y cambió de idea. 
-  ¡Eres bastante antipático Bruno! Pero no me importa lo que digas, igual te daré un obsequi. - Dijo ella. Bruno quería seguir negándose, pero pensó que ella podría llegar a tomarlo como una grosería.
- Está bien, señora Fiorella, muchas gracias.
- ¡Ese es el Bruno simpático que conozco! ¡Buenas noches y hasta mañana, clavelito! - Dijo mientras lo despedía con un gesto de la mano y cerraba la puerta. 
  Mientras Bruno caminaba a su casa , pensó que, quizás la señora le compraría la bicicleta, por pura casualidad. Fue el resto del camino con una sonrisa dibujada en su rostro. 

 Al día siguiente, Bruno se despertó con la misma sonrisa con la que llegó a casa. Desayunó en grande, como nunca lo había hecho, y recibió sus regalos. Sus abuelos le regalaron un sweater nuevo ¡no uno viejo que había usado su nonno! entre sus 6 hermanos le hicieron una tarjeta, que más tarde Bruno pegó sobre su cama. En la escuela le fue bastante bien para ser él; algunos compañeros y maestros recordaron la fecha y lo felicitaron ¡nada de burlas! ¡era uno de los mejores días de su vida!. 
 Esa tarde llegó más temprano de lo normal a casa de la señora Fiorella, y ya estaba preparado para recibir su bicicleta; se puso en puntillas, tocó el timbre, se alejó un poco de la puerta y preparó la mejor sonrisa. 
- ¡Feliz cumpleaños mi clavelito! - Dijo la señora Fiorella abriendo la puerta 
- ¡Muchas gracias! - Dijo Bruno, corriendo a abrazarla.
- Pasa adelante, te daré tu regalo - Dijo cerrando la puerta. - Sientate en la cocina, extiende las manos y cierra los ojos.  - ... ¿Extiende las manos? claramente, no iba a darle la bicicleta. Bruno hizo caso, un poco desilusionado. Luego de un rato, oyó los pesados pasos de la señora que se acercaban a él; sintió un peso sobre sus manos 
- ¡Sorpresa! ¡abre los ojos mi lindo! - Bruno abrió los ojos, vio sus manos y se encontró con un cuaderno grueso, rojo, no muy grande, una caja de lapices, y una pluma. 
- Eeeh... muchas gracias señora Fiorella, muy lindo de su parte. - Dijo Bruno, mientras sonreía falsamente
- ¡Que bueno que te gusta clavelito! ¡A tu edad yo disfrutaba dibujando y escribiendo, espero que tu igual!
- Si, disfruto mucho esas cosas...
 - ¡Excelente! Bueno.. ya debo irme ¡hasta la noche! - Bruno sonrió de nuevo, como si estuviera realmente feliz por ese regalo, aunque, dibujar y escribir fuera de la escuela, no era algo que le llamara mucho la atención... 
  Esa noche cuando llegó a su casa, lo primero que hizo fue dejar su regalo sobre la mesa de la cocina e irse directamente a su habitación
- Oye, cumpleañero ¿quien te dio eso? - Le dijo su abuelo, tomando el cuaderno y mirándolo atentamente. 
- La vecina. - Dijo, sin dejar de caminar. 
- Me parece el mejor regalo que te han dado. - Bruno se detuvo y se volteó a mirarlo
- No, es inútil.
- No, Bruno, no es así - Dijo mientras se acercaba a abrazarlo - Este es el regalo más útil.
- Claro, es útil para la escuela.
- Si yo fuera tú, no lo usaría para la escuela.
- ¿Lo usarías como leña para encender una fogata? - Contestó Bruno. Su abuelo sonrió
- No.
- ¿Le arrancarías las páginas y lo usarías como papel higiénico? - Preguntó Bruno. Su abuelo volvió a sonreír.
- No, lo usaría para escribir lo que quisiera, Bruno.
- ¿Como qué? 
- Eso lo sabes tu. - Dijo, tocándole la punta de la nariz - Pero, déjame decirte, no hay mejor compañía que un cuaderno y una pluma. Ellos nunca te abandonan, nunca se quejan, siempre están allí para ayudarte a expresarte, entenderte y encontrarte a ti mismo.
- ¿Cómo? - Preguntó Bruno, confundido.
- Quizás ahora no lo entiendas - Dijo, acariciándole el cabello y entregándole el cuaderno - Pero algún día lo harás. No pierdas este cuaderno nunca. - Sonrió y besó su frente - Ahora bambino, ve a dormir.
 Bruno tomó el cuaderno, lo guardó bajo el colchón de su cama, y se durmió. Había sido, hasta ahora, el mejor cumpleaños, aún sin la bicicleta.

  Pasaron los meses, Bruno seguía trabajando para la señora Fiorella. No le faltaba mucho para conseguir todo el dinero para la bicicleta, solo bastaban 2 semanas más de trabajo y podría decirle ¡Adiós para siempre! a los perros malcriados de la vecina. Llegó entonces un día a la casa de la señora Fiorella.
- ¡Buenos días mi pequeño trabajador!
- Buenos días, señora Fiorella.
- Pasa adelante, clavelito.
- Muchas gracias, señora.
- Ah, Bruno, si necesitas ir al baño, no uses el de invitados, pues se ha roto la tubería. Usa el de mi cuarto, con confianza.
- De acuerdo, señora.
- Bueno, Bruno, te dejo ¡Ten un buen día! - Dijo mientras salía y cerraba la puerta de golpe.
  Una vez solo, Bruno hizo lo de siempre: recogió las necesidades de los perros, cepilló a Mateo, masajeó las patas de Tadeo, llenó sus platos de agua, comida y luego jugó un rato con ellos. Cuando fue más tarde, Bruno sintió necesidad de ir al baño, así que, haciendo caso a lo que dijo la señora Fiorella, entró a la habitación y fue que al que estaba allí. Cerró la puerta, se bajó los pantalones, se sentó en la taza, y entonces, recordó: Otto estaba dentro de la habitación, y él había dejado la puerta del cuarto abierta..¡Si Otto se salía, Mateo y Tadeo se lo comerían!. Se estiró un poco, pero sin levantarse de la taza, entreabrió la puerta, asomó la cabeza, y, justo como lo había pensado, el pequeño perro café no estaba. Se levantó precipitadamente, se subió los pantalones y corrió al jardín, donde encontró a Mateo y a Tadeo atacando al indefenso cachorrito. Bruno corrió e intentó salvar al perrito, empujó a Tadeo, e intentó hacer lo mismo con Mateo, pero fue inútil, el gran perro negro tenía el cuello de Otto en su boca, quien movía sus patas con desesperación, el pequeño niño intentó sacarlo, jalándole por las patas... grave error...poco a poco, el cachorrito dejó de luchar, hasta quedar completamente inmóvil. Ya no había nada que Bruno pudiera hacer.

(Continuará...)  

Friday, August 24, 2012

1a parte. De sueño a plan.

   Se acercó lentamente y pasó su manos por el empañado vidrio, se inclinó un poco, acercó si cabeza y ahí estaba, perfecta, bella, e inmóvil, como siempre. Tan brillante, tan despampanante, tan, tan...lejos. Todos los días, de camino a la escuela, Bruno se detenía frente a ella y la admiraba por varios minutos; lo único que los separaba era ese material duro, frágil, transparente y amorfo conocido como vidrio, y el precio, por supuesto. Era demasiado onerosa para ser una simple bicicleta, o bueno, en realidad no era tan costosa, pero para el pequeño Bruno, lo era. Su familia apenas tenía dinero para alimentarlo a él y a sus 6 hermanos. Su madre había muerto durante el parto de su hermano menor, y su papá estaba en la guerra (la 2da guerra mundial) así que vivía con sus abuelo, quien era un simple zapatero y su abuela, ama de casa.
- ¡Oye, idiota! ¿te dormiste pegado al vidrio? - Gritó el hermano mayor de Bruno, Giuseppe.
- ¿ah? ¿que? no, no. - Contestó él - solo estaba viendo...
- La bendita bicicleta esa ¿no?
- .... si.... - Dijo Bruno, bajando la cabeza.
- Nunca vas a lograr pagarla ¿entiendes eso, no? - Dijo Giuseppe, colocando su mano en el hombro de su hermanito.
- Voy a comprarla, se que lo haré. - Contestó él, agitándose para quitarse la mano de su hermano de encima. Frunció el entrecejo, le tiró una mirada asesina y siguió caminando hacia la escuela.
- Eres un idiota Giuseppe. - Le dijo Francesca, (una de sus otras 4 hermanas, la única que aún no se había graduado) quien venía un poco más atrás. Le jaló la oreja, y siguió caminando.  Giuseppe suspiró, se acomodó su mochila y los siguió.
  Bruno era un niño de 10 años que vivía en Italia, era inteligente, humilde, sencillo y de gran corazón, con la capacidad de cambiar el mundo, pero sin ninguna motivación para ello. Vivía a varios kilómetros de la escuela, en una pequeña casa a la que le faltaba un poco de cariño. Nunca le había molestado el camino a la escuela, a pesar de lo largo que era, más bien, disfrutaba lo disfrutaba; era un momento del día en el que podía cavilar y perderse en sus pensamientos sin que otros le molestaran, era uno de los mejores momentos del día.
Llegaron a la escuela y cada uno fue a sus respectivos salones. Bruno se sentó en el mismo puesto de siempre, el primero de la fila. Colocó su bolso en la parte trasera del asiento, sacó su cuaderno, su lápiz y una vela que colocó y encendió debajo del asiento, para calentarse las manos de vez en cuando. Levanto la mirada y pudo ver que Giulia, la linda niña sentada junto a él, no tenía abrigo, ni vela para calentarse. Bruno siempre había sentido cierta atracción por ella; le encantaban sus ojos y su pelo café, además de su bonita sonrisa. Pensó que esta sería su gran oportunidad, se quitó el abrigo, apagó la vela, la tomó, se levantó de su asiento y fue hacia ella.
- Giulia... creo que... los necesitas más que yo. - Dijo el, con una sonrisa nerviosa.
- Em ¿como sabes mi nombre? - Preguntó ella, con cara de repugnancia.
- Lo se porque estudiamos juntos desde siempre. - Ya no se sentía tan valiente como antes.
- Oh, ¿y que te hace creer que yo necesito algo de ti?
- Es que, suponía que te estabas congelando, y quise ayudarte.
- No. No quiero que me ayudes - Dijo ella, girando la cabeza.  Él bajó la mirada y volvió a su asiento. Las palabras de esa niña había arruinado el día, y el autoestima de Bruno. De regreso a su casa con sus hermanos, Bruno volvió a pasar junto a la tienda donde estaba la bicicleta, pero, a diferencia de siempre, no se detuvo a verla, no tenía ganas de nada. Solo quería llegar a su casa, y tirarse en su cama.
 Pasó por la puerta de su casa detrás de sus hermanos, soltó su mochila, suspiró, se quitó el abrigo y caminó hacia su pequeña habitación. Pero su abuelo lo detuvo
- ¡Bambino! ¿Podrías por favor ir a comprar una bolsa de azúcar? - Dijo, agarrándolo por el hombro derecho.
- Nonno, no ha sido un buen día, solo quiero dormir. - Respondió Bruno, desganado.
- ¿Dormir? ¿a las 4 de la tarde? ¡lo que necesitas es un buen café con mucha azúcar! ¿podrías comprarla?
- Pero nonno, realmente no quiero...
- Bruno.. - Su abuelo se agachó, sonrió dulcemente y añadió - ¿podrías ir por favor? - Bruno no podía decirle que no a esa sonrisa.
- Bueno, está bien. - Fingió emoción.
- ¡Bravo bambino! - Sacó unas monedas de su bolsillo y se las entregó. Bruno tomó su abrigo y salió.
  El mercadito no quedaba muy lejos, a menos de una cuadra, pero con la modorra y la depresión que Bruno traía, el recorrido se hizo infinito. Cuando llegó allá, se dio cuenta de que su abuelo le había dado dinero de más, seguro por error, porque el no hacía ese tipo de cosas. Compró el azúcar, y cuando iba a de regreso, pensaba si debía darle el dinero sobrante a su abuelo, o, empezar a ahorrar para su bicicleta. En ese momento, empezó a oír ladridos, y cuando se dio vuelta, alrededor de 6 perros enormes venían corriendo hacia él. Bruno empezó a correr, pero los callejeros lo alcanzaron en un segundo; lo derribaron, rompieron la bolsa de azúcar, pero antes de que pudieran atacarlo, Bruno se levantó y huyó. Mientras corría, se dio cuenta de que había tirado el dinero que sobró. Dejó de correr, pues los perros no lo estaban persiguiendo, recuperó el aliento, levantó la mirada y se encontró a si mismo frente a la tienda de la bicicleta. Se acercó al vidrio y pegó la cara de él.
- Si yo te tuviera, no tendría que vivir días como estos. Podría comprar azúcar sin poner mi vida en riesgo, podría llegar más rápido a la escuela, y Giulia no me vería como un tonto. - Dijo, hablándole a la bicicleta - Todos me respetarían, todos dejarían de verme como un pobre idiota..... Giuseppe está muy equivocado, yo si voy a comprarte, y con mi propio dinero. - Se separó del vidrio y caminó muy seguro hacia su casa.
 Él sabía que si le pedía el dinero a su abuelo, se lo daría, aunque eso significara dejar de tomarse varias tazas de café. Pero Bruno quería comprarla con su propio esfuerzo, con el fruto de su duro trabajo. Recordó que hace varios días sus abuelos conversaban sobre la vecina de en frente, quien tenía varios perros a los que dejaba solos por las tardes y que estaba buscando alguien que los cuidara. Bruno tuvo una idea.

  Al día siguiente, después de la escuela, Bruno fue a casa de la vecina, se puso en puntillas y tocó el timbre. Segundos después, una señora de pelo canoso, alta, gorda y de nariz bulbosa se paró frente a él con un perro café y diminuto entre sus brazos.
- Buenas tardes Sra. - Dijo Bruno, sujetando sus manos en su espalda.
- Buenas tardes mi lindo ¿en que puedo ayudarte? - Dijo ella, esbozando una sonrisa.
- Verá señora, yo quiero ganar un poco de dinero, y escuche por allí que usted estaba buscando que alguien cuidara sus perros.... - La señora dudó un poco, pero como nadie más había pedido el trabajo, decidió probarlo.
- Pero claro pequeño, mucho gusto, me llamo Fiorella, pasa adelante - Dijo ella, echándose a un lado, para que él entrara. Lo primero que vio Bruno al entrar fue una pequeña sala, con 2 sofás y una mesita de café; habían varios cuadros en las paredes, todos retratos de los perros de la sra.
- Ven mi clavelito, pasa adelante. - Dijo ella, pasando frente a él, y haciéndole una seña para que lo siguiera. Pasaron por un pasillo, por la cocina, hasta llegar a el patio (el cual no era muy grande, pero para Bruno, era una sabana) donde habían varias casitas de madera para perros, varios platos de comida y varios juguetes destrozados, en ese momento, 2 perros gigantes salieron a atacar al cachorrito que traía su dueña entre sus brazos.
- ¡no! ¡no mis niños, no! - Gritó la gorda señora, levantando al pequeño perrito café y colocándose en puntillas. - ¡Querido! ¿Podrías controlarlos? - Dijo ella, intentando sonreír. Bruno reaccionó rápido, tomó a los perros por los collares y los llevó al otro lado del jardín, mientras la señora Fiorella entraba a la casa y dejaba al cachorro dentro de la casa. Bruno pudo darse cuenta de que no eran de raza, pero eso no le importaba. Uno era blanco con manchas cafés, delgado y con las patas muy largas, el otro, negro azabache, con una cola gruesa y larga.
- Bueno, perdona lo que pasó anteriormente. Es que Tadeo y Mateo no quieren mucho al pequeño Otto.... - Dijo la señora, caminando hacia él.
- Y ¿cual es cual? - Preguntó Bruno
- El es Tadeo - dijo señalando al perro blanco - y el es Mateo - añadió señalando al perro negro. - Mientras estés aquí no puedes dejar que Otto se les acerque, él tiene un pequeño espacio en mi habitación donde pasa todo el día. Debes mantener sus platos llenos de comida y agua, debes cepillar a Mateo 3 veces al día y masajear las patas de Tadeo cada 2 horas. Debes evitar que se coman las plantas, y debes recoger sus necesidades. Debes entretener a Otto, pues él tiende a aburrirse demasiado. Cuando llueva, debes encerrar a Tadeo en la cocina y a Mateo en la sala, pues si están juntos en espacios muy pequeños, pues se agobiarán. Ah, y debes bañarlos una vez por semana.  Ahora dime, ¿aún quieres este trabajo?
- Por su puesto que si señora Fiorella. - Contestó él.
- ¡Oh, casi lo olvido! ¿como te llamas?
- Bruno, señora.
- Muy bien entonces, mucha suerte mi clavelito . Volveré dentro de 6 horas. Hay un poco de comida sobre la mesa de la cocina ¡nos vemos! - Dijo ella mientras se iba.
 Vaya, la señora Fiorella le había dado demasiada confianza a Bruno... en muy poco tiempo.

Continuará... 

Friday, August 17, 2012

En esa pequeña porción de ciudad.

  Entró al pequeño estudio de su casa, que tenía varios estantes con libros de novelas fantásticas, una ventana rectangular en la pared izquieda, y un pequeño escritorio de madera con muchos papeles y plumas de distintos colores en el lado derecho de la habitación.  Se acercó al escritorio, arrimó la silla, dejó su café en la mesa y se sentó, respiró hondo, tomó una hoja de papel y una pluma. Iba a escribirle una carta a ella, pero solo si el mismo se lo permitía.
- Si hubiera hecho lo que tenía que hacer, no tendría que escribir ninguna carta.- Se dijo a si mismo, regañándose - Soy tan idiota. Por no haber corrido tras de ella,  ahora tengo que escribirle una carta, y no se siquiera por donde empezar...mmm.... - Chasqueó sus dedos y anotó en el papel con letra oscura y cursiva: Mi amor, ni siquiera se por donde empezar. Yo sé que fui un idiota, un idiota por no haberte detenido. Pero, debes entender que no era algo que yo pudiera detener.
- Aunque... bueno, si podía detenerlo, si yo hubiera llegado al aeropuerto y le hubiera dicho todo, ella estaría aquí. -  Tachó lo escrito anteriormente y escribió a un lado: Pude haberte detenido, pero no quise hacerlo. 
- No, no puedo escribirle eso ¡Es cruel! - Lo tachó y puso: Pude haberte detenido, pero no me dejé hacerlo. - Espera, así sueno muy contradictorio.... - Lo tachó.   
-No sirvo para estas cosas - suspiró y apoyó la barbilla en su mano izquierda. 
-¿Por qué todo es tan difícil conmigo mismo? -  Levantó su cabeza, frunció el entrecejo y lanzó su pluma al otro lado de la habitación, el cual cayó justo debajo de la ventana.  - Si tan solo le hubiera hecho caso a lo que yo quería, no se habría ido - Dijo, golpeando la mesa. - Si le hubiera dicho que no quería vivir sin ella, si le hubiera dicho que ella ilumina mis días, ella estaría aquí - Golpeó la mesa con más fuerza aún, lo que ocasionó que la taza se cayera, y rompiera en muchos pedazos. - No hay idiota más grande que yo. - Se agachó, y arrimó los pedazos de la taza lejos de sus pies - No le voy a escribir nada, no le interesa lo que un idiota como yo le diga, lo se. - Se levantó para buscar la pluma, pero antes de agacharse, se distrajo un momento viendo la ventana. Era rectangular, y a través de ella podía verse una pequeña porción de la ciudad. Un teatro, una biblioteca, una cafetería, un parque, una parada de autobús y, a lo lejos, una pequeña residencia. Había mucha gente entrando y saliendo de los distintos locales. Fue en esa ciudad, en esa pequeña porción de ciudad donde se vieron por primera vez. Caminó al otro lado de la habitación, arrimó la mesa y el escritorio hasta la ventana, tomó una hoja nueva, apoyó la cabeza en sus manos y se quedó mirando un rato a la ventana. Empezó a recordar como fue todo.
  Ella era una artista, que trabajaba en el pequeño teatro que formaba parte de esa pequeña porción de ciudad, tenía mucho talento, más bien demasiado, pero los otros no lo notaban; era una mujer alegre, humilde e inteligente. Él, era un hombre solitario, dueño de la biblioteca de la pequeña porción de ciudad. Amaba la actuación y cada vez que podía se escapaba del trabajo para ir al teatro que estaba a 5 minutos caminando. Ir allí era una manera de sentirse menos solo. Una de esas muchas veces, fue a ver "Romeo y Julieta" que fue protagonizado por esa artista. Le gustó mucho la obra, el sonido, la música, el vestuario... pero, lo que más le gustó, fue la Julieta. Al terminar, fue a la parte trasera del teatro, donde había una gran puerta negra, la cual era la salida de los artistas, donde se sentó a esperarla. Después de un rato no muy largo, apareció la Julieta. La saludó, la felicitó por su actuación y la invitó a tomar un café en la cafetería que estaba en esa pequeña porción de ciudad. Ella le contó cuanto amaba los libros, y él le contó cuanto adoraba el teatro; se dieron cuenta de que, eran diferentes, pero aún así, se complementaban. De allí en adelante empezaron a salir todos los días; ella lo coleaba en el teatro gratis, y él le prestaba libros de la biblioteca sin tener que pagar. Siempre hablaban, y buscaban temas, y temas de conversación para pasar más tiempo con el otro; los silencios no eran incómodos y las palabras eran sinceras. Pero, llegó un momento en que las diferencias entre ellos se hicieron notables, y empezaron las peleas. Discutían por cosas estúpidas e inútiles, pero, pronto esas cosas pudieron más que ellos. Dejaron de verse tan a menudo, dejaron de hablar y de estar juntos. Cada vez que él decidía ir al teatro, se aseguraba de que en la obra no actuara ella. Y por su parte, ella iba a la biblioteca de noche, cuando el no estaba. Ambos querían verse, ambos querían que todo volviera a ser como antes, pero, el orgullo no se los permitía. Un buen día, él recibió una carta de ella, en la que le informaba que se iría a vivir a New York dentro de 2 días, pues un profesor de una academia muy importante vio una de sus obras, y quedó tan impresionado que le pidió que fuese a estudiar allá. Él, estuvo dándole vueltas a la cabeza durante 2 días, para ver si corría a buscarla, o la dejaba ir. Al final, él decidió no hacer nada al respecto. Ahora estaba allí, sentado, recordando toda la historia, y sin poder hacer nada.

 Unas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, tomó su pluma, y empezó a escribir. 

Thursday, August 16, 2012

Mientras tomaba café.

 A ti:

Veníamos caminando juntos, agarrados de la mano, por un camino resbaloso en el que era fácil caerse. Tu me sujetabas, y no permitías que nada me pasara, me sentía segura. Me contaste tu historia, tus ideas, anhelos, deseos y me ayudaste a crear los míos. Cuando pasaba un mal día me cantabas para alegrarme, y si no lo lograbas, llorabas junto a mí mientras me abrazabas. Pero, un día, sin decirme porque, cambiaste, sin quererlo así. A partir de allí fui yo quien tuvo que sujetarte, que mantenerte caminando, que evitar que te cayeras, y que siguieras caminando junto a mí. Te conté mis ideas, mis cuentos, y tu me ayudaste a creer en ellos. Mis palabras te mantenían en pie. Sonreías cuando estabas conmigo, pero llorabas cuando me iba. Eras tu contra algo más fuerte. Yo quise ayudarte, pero no era mi batalla, era la tuya. Empezaste a debilitarte, ya no había nada que pudiera ayudarte. Los días pasaron, y te atropellaron la esperanza. No quisiste hablarme, porque sabías perfectamente que no había barrera que detuviera tu llanto si me veías. No eras igual que antes. Ya no había nada que pudieras hacer.
 Al principio dejé de caminar, no quería seguir sin ti. Nada tenía sentido. Ya nadie me contaba nada en el camino. Ya nadie me cantaba en esos días. No había nada.....
  Los días pasaron, y tuvieron que levantarme, tuve que aprender a andar sin ti. Y lo hice. Se que eso es, quizás, por lo que estas más orgulloso.
   Fuiste tu quien me motivo a hacerlo. Todo esto es por ti. Gracias.




(La peor entrada, pero aún así, quise compartirla. Gracias por leer.) 



Saturday, August 4, 2012

Sin titulo.

  Llegó a la puerta inseguro, tembloroso, dudoso y con paso inestable; él ya había hecho este tipo de cosas antes, pero, esta vez era diferente, era más significativo. Todo dependía de lo que pasara en aquella sala, pues así cambiaría su vida, la de ella, y la de muchos otros; tomó la perilla con sus manos y justo antes de girarla sintió que iba a desmayarse, se apoyo de la pared e intentó tranquilizarse y convencerse de que todo iba a salir bien y luego de varias respiraciones profundas, se separó de la pared, tomó una gran bocanada de aire, se pasó las manos por su pelo engominado y abrió la puerta de golpe. 
  Todos los presentes se levantaron verlo y lo saludaron con un gesto de la cabeza. 
- Buenos días - Todos los que estaban allí se sentaron. Él se sentó en la punta de la mesa triangular, se arregló la corbata, se aclaró la garganta y dijo con su voz grave. -Señoras y señores. Estamos aquí para.. 
- ¡No hay tiempo para introducciones! - Dijo un hombre pequeño, delgado y con ojos de un tamaño desproporcionado. - ¡hay que actuar rápido, el avión sale en 1 hora! 
 - ¡Ya empezaron a pelear! ¡Demonios! ¡Siempre es lo mismo! ¡Ustedes me molestan! - Exclamó un un hombre alto, fornido y con manos enormes. 
- ¡Dejen que yo hable! - Dijo un hombre alto y realmente guapo. Sus palabras vinieron acompañadas de una encantadora sonrisa.
- ¡Callate Orgullo! ¡Nadie quiere oírte a tí! ¡Tu tienes la culpa de que todo siempre salga mal! - Dijo el hombre de los ojos curiosos.
- ¡Me tienes envidia Impaciencia! ¡Porque soy perfecto y nunca me equivoco! - Exclamó Orgullo, aún con la sonrisa.
- ¡Pero no interrumpan a Sentido Común! ¡El estaba introduciendo el caso! - Dijo un hombre pequeño y gordito, con lentes cuadrados y dedos anchos mientras trataba de contener su llanto. 
- ¡Odio las introducciones! ¡No llevan a ninguna parte! ¡Eres un idiota, Tristeza, te odio! - Dijo otro hombre al otro lado de la sala.
- ¡ Cállate, Odio! ¡Eres un cavernícola! - Dijo Enojo
-  ¡Tu eres el cavernícola, Enojo! ¡Te odio! - Dijo Odio, muy furioso. 
- ¡No tengo paciencia para esto! - Dijo Impaciencia  mientras apoyaba la cabeza en sus manos.
- ¡Callate Impaciencia, no nos importa! ¡Ustedes me molestan! ¡Siempre es lo mismo! - Dijo Enojo
- ¡Te odio Enojo! - Exclamaron Odio e Impaciencia al mismo tiempo 
- Quizás esto te sorprenda, Enojo, pero ¡No me molesta que me odies!  - Dijo Enojo, golpeando su puño contra la mesa
- ¡Los odio a todos! ¡Los odio! - Dijo Odio sacudiendo sus manos por el aire.
- ¡Sus peleas me entristecen! - Dijo Tristeza, llorando a cantaros. 
- ¡Oh, cariño! - Exclamó Felicidad, mientras abrazaba a Tristeza. - ¡No les hagas caso! ¡Se feliz! 
- ¿Podemos pasar al tema principal y luego seguir peleando? - Dijo Impaciencia, abriendo los ojos.
- ¡Calla! ¡Nadie quiere oír tu opinión! - Dijo Enojo. 
  Se había empezado una verdadera trifulca, justo lo que Sentido Común temía. Intentó llamar la atención de todos sacudiendo sus manos, y llamándolos por su nombre repetidas veces, pero no le prestaban atención, era como si no existiera, pero siempre era así. De allí venía la inseguridad de Sentido Común.
- ¡Demonios! - Gritó Amor, un hombre alto, de ojos claros y dedos largos  - ¡Son unos idiotas! - Un silencio inundó la sala, y todas los ojos se voltearon a verlo - ¿Es que no se dan cuenta que la mujer que nos ha robado el corazón está a punto de montarse en un avión y en lugar de buscar la forma de evitarlo estamos aquí, peleando? ¡La amo y voy a perderle por su insensatez! -  Todos suspiraron arrepentidos y se sentaron callados. 
Y luego de un largo silencio, Sentido Común expresó, aún inseguro. - Gracias Amor. Ahora, pregunto yo, ¿Alguien tiene un plan? 
- Dejar que se vaya. Este viaje significa mucho para ella. Tiene mucho talento, y no puede explotarlo como es debido en este país - Dijo muy calmado Sensatez.
- ¡La amo y no puedo dejarla ir! - Dijo Amor
- Eso es correcto. Si ella no me buscó antes, entonces yo no la buscare. - Dijo Orgullo, cruzándose de brazos y volteando los ojos.
- Si..asi.. nos ahorramos la pena de correr tras.... ella... en el aeropuerto... - Dijo Vergüenza, temblando. 
- Pero... ¡ Me pongo triste de solo pensar en vivir sin ella! - Dijo tristeza. 
- ¡Odiaría vivir sin ella! - Dijo odio. 
- ¡No voy a correr tras ella! ¡Que ella corra tras de mí! - Dijo Orgullo, muy seguro. 
- Es lo mas sensato y correcto. - Dijo la sensatez. 
- ¡Pero la amo con todo mi ser! - Dijo Amor, bajando la mirada. 
- ¡Odio los viajes, odio los aviones! - Dijo Odio. Tristeza rompió en llanto. 
- Hay que pensar en lo que nos hará felices a nosotros. - Dijo Sentido Común. 
- Estar con ella, hoy y siempre - Dijo Alegría. Todos suspiraron profundamente. Y sonrieron estúpidamente. 
- ¡ La respuesta es simple compañeros! - Dijo Amor, levantándose de golpe - ¡Corramos al aeropuerto a decirle cuanto le amamos! 
- Me parece un plan excelente, me haría muy feliz - Dijo Alegría
- ¡Vayamos para allá! ¡Vamos! - Dijo Amor, emocionado
- Em... faltan 10 minutos para que salga el avión... - Dijo Impaciencia tamborileando sus dedos en la mesa.
-  ¡Eso es insensato! ¡Es su viaje! ¡Es su oportunidas! - Dijo Sensatez, deteniendo a todos. 
- ¡Ella no me busco! ¡Y yo no la buscare! ¡Nadie irá a ningún aeropuerto! - Dijo Orgullo, alzando la voz.
- ¡Te odio orgullo, te odio! ¡Todos los planes siempre se echan para atrás por tu culpa! - Dijo Odio.
 Orgullo dio vuelta a su silla y le dio la espalda a todos y susurró algo como "estúpido" 
- ¡Hay que tomar una decisión! ¡Rápido! - Dijo Sentido Común, alterándose.
- ¡Ir a detenerla! - Dijo amor, levantando un brazo
- ¡NO! ¡NO! ¡NUNCA! - Dijo Orgullo, levantándose y golpeando la mesa. 
- ¡La amo! ¡Y tu no te vas a entrometer esta vez! - Exclamó Amor
- ¡Estoy realmente molesto con todos ustedes! ¿Por que nos complicamos tanto? - Exclamó Enojo.
- Faltan 5 minutos ¡ Apúrense! - Dijo Impaciencia muy alterado. 
- ¡CORRAMOS! - Dijo Amor, haciendo señas de que lo siguieran. 
- Y ¿Que le vas a decir, genio? - Pregunto Sensatez, cruzándose de brazos.
- Decirle lo mucho que la amo.. - Dijo Amor
- Y lo feliz que me hace... - Dijo Alegría
- Se lleva con ella mi tristeza... - Dijo Tristeza.
- Es lo único que no odio... - Dijo Odio. 
- Ella ilumina mis días, y los de todos aquí. No puede irse. 
- Aprende a vivir sin ella. - Dijo Sensatez.
- Se vivir sin ella, es solo que... no quiero. - Susurró amor. 
 Un silencio llenó la sala, de nuevo. 
- 2 minutos... - Dijo Impaciencia, mientras tocaba su reloj desesperado
- Puedo vivir sin ella, suficiente conmigo mismo. - Dijo Orgullo
-No te mientas de esa manera - Dijo Amor. 
- No me miento. Igualmente, ya no da tiempo de llegar al Aeropuerto.
 Todos se callaron. Orgullo tenía razón
- A veces me pregunto como es posible que tú, y solo tú, seas la última palabra, aún sobre la sensatez y el sentido común. Eres lo único que nos separa de lo que amamos, siempre fue así, y creo que así será por mucho tiempo. 
- Te odio. - Dijo Odio
- ¿Por qué existes? Eres inútil - Dijo Enojo.
- Envidiosos - Orgullo suspiró indignado, se levantó , abrió la puerta y se fue.  
- Maldito, volvió a hacerlo de nuevo. - Dijo Amor.
- Ya... salió el avión. - Susurró Impaciencia.
- Ese comentario era innecesario. - Dijo Enojo.
 La tristeza rompió en llanto, una vez mas. Todos se miraron y suspiraron muy serios. Como siempre, Orgullo había logrado pasar sobre a el resto de los sentimientos. Siempre lograba tomar el mando, a pesar de ser el mas insensato e idiota de la sala.
 Segundos después, entró corriendo un hombre pálido y alto. Su corbata estaba mal amarrada, y su ropa puesta al revés. - ¡Perdonen la tardanza! ¡Estoy realmente arrepentido! - Dijo, mientras intentaba respirar
- Arrepentimiento, eres un idiota que siempre llega tarde. - Dijo Enojo.
(es solo un borrador, gracias) 

Thursday, July 26, 2012

Cuento corto: El joven escritor.


 Como todos los días mi amigo se levantó, se desperezó, se cepilló los dientes, se lavó la cara, se vistió, se peinó, se desayunó, luego tomo sus cosas, abrió la puerta de la casa, caminó 3 cuadras, llegó al mismo banco de siempre, y se sentó en el, como siempre, luego sacó su cuaderno, tomó una gran cantidad de aire, cerró los ojos, se sonrió y empezó a escribir, como siempre:
"Me iluminas mas que el Sol de mediodía.." 
-Mmmm un poco cliché. - Le dije.
"Aaah, ¡cuanto te amo!" 
-Ahora es mas que solo un poco cliché.
"Y enfrías mas que la luna"
- Cliché... y malo.
"Te amo de la Luna al Sol" 
Cliché, malo y además, cursi.
"Oh reina de belleza"
-Los términos "malo" "sin gracia" y "cursi" le quedan pequeños al poema...
"Siento que sin conocerte, ya te amo"
- Por Dios...
"Y seguro que si te conociera, te amaría aún más"
- Esto no tiene pies ni cabeza.
"Siento que somos almas gemelas"
 -  ¡Ni siquiera rima!
"Yo sere tu Romeo y tu mi bella hembra, seras mi Julieta
-  ¡Acaba de perder la poca gracia que tenia!
"Cuando te veo, mi corazón se acelera"
- ¿Que tal si lo borras?
"Y mi vista se nubla"
Dejó de escribir, levantó su cuaderno y muy orgulloso empezó a leer, pero a medida que iba leyendo su sonrisa se iba borrando- ¡Esto no tiene sentido! - Sus ojos empezaron a brillar. - No.. tiene sentido...
 - ¡Llevo rato diciéndolo! 
- Y no rima... - Sus ojos brillaron aún más.
- ¡Que bien que te das cuenta!  - Y como si realmente pudiera oírme, presiono sus labios y arrugo el entrecejo, inconforme.  Era bueno saber que aunque no podíamos comunicarnos, nos entendíamos
- ¡Ahorrate la tinta para cosas mejores! - Dije, para que asi, se decidiera definitivamente. Y finalmente, afincó fuertemente sobre la hoja de papel y tacho lo que había escrito. Suspiró molesto, bajo la cabeza, frunció el entrecejo y arrancó la hoja donde estaba escribiendo, estaba furioso. Apoyó la cara sobre sus manos y empezó a llorar a cantaros. Sentí un poco de culpa. Uno nunca debe criticar a un artista con baja autoestima.
 - Vuelve a escribirlo, te juro que no diré nada - Intenté animarlo, pero no me oía, como siempre.
 Se quedó completamente inmóvil por un momento, era como si hubiera dejado de respirar, parecía muerto, y me dí cuenta de que ya no había nada que pudiera animarlo. 
 Yo nunca había criticado su trabajo tan duramente, nunca, ni siquiera cuando escribió aquel cuento sobre el romance de una mariposa y un cactus, jamás habia leído una cosa tan pobre, y eso que he leído muchas cosas pobres en mi vida. Él es un gran escritor y también el gran y único compañero que tengo, solo que, este no era unos de esos días para escribir, eso es todo.  Después de sollozar un rato más (cosa que hace muy a menudo) se secó las lagrimas con las mangas, sacó el reloj de su bolsillo, vio la hora y se quedó pasmado. Ya era el momento. Cruzó su pierna derecha sobre la izquierda, y acarició precipitadamente su pelo rebelde para intentar aplacarlo, luego bajó la cabeza y fingió escribir. Pocos minutos después, una alta y bastante atractiva chica se sentó con su cachorrito blanco en el banco que estaba delante de él, éste levantó su cara y le dirigió una tierna sonrisa que ella le devolvió, acompañado con un movimiento de su mano, como un saludo. Ese simple gesto, bastó para que se le olvidara el incidente con el poema.

 A eso venía mi buen amigo todos los días, a esperar una sonrisa de parte de ella. 
 Su vida consistía en despertarse, desperezarse, cepillarse los dientes, lavarse la cara, vestirse, peinarse, desayunarse, tomar sus cosas, abrir la puerta de su casa e ir al parque que estaba a tres calles de su casa, escribir algo, y luego esperar a que apareciera la desconocida y su perrito que imitaba a una bolita blanca, para darle una sonrisa y si tenía suerte, tener una de vuelta. Mas tarde, esperaba a que ella se fuera, y entonces tomaba el autobús para ir al trabajo. Esa era su rutina de seis meses para acá. 
 Pero lo grave no es esto, lo grave es que nunca se ha atrevido a dirigirle una sola palabra, a pesar de que ya había escrito como y cuando lo haría, incluso anotó cuantas veces tendría que respirar para evitar demostrar que estaba nervioso.

 Hace poco tuvo la idea de escribir poemas, para variar, pues sus escritos siempre habían consistido en planes que nunca lograba, como, por ejemplo, el de saludar a la chica del banco de en frente. También escribía cuentos que la mayor parte de las veces consistían en historias de amor.Yo diría que el mejor trabajo que ha hecho es la autobiografía que escribió unos meses atrás, es realmente buena, aunque no esté terminada. Ademas de esto, acostumbraba escribir cartas a todo y a todos, no importaba si era a su mamá, a su perro o al árbol frente a su casa. Pero, sin duda, la mayoría de sus cartas iban dirigidas a la jovencita de las piernas largas por la que iba al parque todos los días... nunca entregó ninguna. 
 Mi amigo, ademas de cursi, era muy malo expresándose con las personas, solo lograba abrirse completamente con su cuaderno y conmigo. 

 El gesto que le había dirigido su vecina de en frente lo había inspirado a seguir escribiendo en su cuaderno. Respiró hondo y comenzó a escribir una de esas cartas que nunca entregaba:
"Querida: 
  Te escribo esta carta para decirte lo bella que te ves cuando sonríes, ya que tus pómulos suben y tu cara se ilumina. Desearía poder ver este gesto mas a menudo"  
Dejó de escribir, hecho una ojeada a su vecina, quien estaba muy ocupada acariciando a su perro, cambió de pagina y empezó a escribir apresuradamente:
" Plan para saludar a la chica de los ojos azules que sera realizado ahora mismo:
Paso nro 1: Llenarme de valor 
Paso nro 2: Caminar hacia su banco
Paso nro 3: Decir "Hola" y respirar 10 veces por minuto 
Paso n.."
 Antes de que pudiera seguir escribiendo, la chica se estaba retirando de su banco, antes de la hora que siempre lo hacía. Mi amigo cambió de página y anotó, aún mas apresuradamente:
"Plan para saludar a la chica de los ojos azules ya mismo:
Paso nro 1: Esperar a que pase junto a mi
Paso nro 2: Invitarla a sentarse junto a mí, y respirar 10 veces por.." 
 Dejó de escribir para echar una ojeada a su vecina. La chica ya no estaba. Justo cuando mi amigo se había armado de valor, la chica se había ido sin razon. ¡Ah, que injusta era la vida!
- ¡Mi perro! ¡Mi perro! ¡Se me ha soltado la correa! ¡ Ayúdenme! -  La chica corría detrás de la bolita blanca, que venía en la dirección de nuestro banco a la velocidad de un cohete. Aún había esperanza. Mi amigo empezó a sudar. Se quedó paralizado. No sabía que hacer. ¡Demonios! ¡Era su gran oportunidad y él iba a desperdiciarla!
- ¡Atrapa al perro! ¡Amigo mio, es tu oportunidad! ¡ Atrapalo y ella te lo agradecerá! - Le grité de la desesperación, aunque yo sabía que el no podía oírme. Debía ayudarlo. Así que, sin pensarlo dos veces, rodé por el cuaderno y caí sobre el suelo del parque, mi amigo se agachó rápidamente para recogerme y justo en ese momento, el perrito blanco pasaba por allí y chocó con su brazo. Mi amigo lo agarró y me dejó a mi en el suelo, un poco mas atrás, venía la chica quien se detuvo al ver a mi compañero con el perrito entre sus manos. 
- ¡Oh! ¡Mil gracias! ¡Gracias a Dios que estabas ahí, porque si no el habría llegado hasta la calle! - Dijo ella, tomando al perrito y dándole unas palmaditas
- ¡De nada! - Se puso rojo y empezó a temblar. La chica le dirigió una sonrisa y siguió su camino. 
- Oye...¿quieres... ir a... tomar algo? yo invito - Dijo mi amigo.
-Claro que si - Dijo ella.
 ¡Lo logró!
 Mi amigo empezó a recoger sus cosas muy apresurado, la chica se agachó y me recogió con sus largos dedos
- Oye, casi olvidas tu pluma. - Dijo mientras me entregaba en las manos de mi amigo.
- Oh, gracias - Ella sonrió y empezó a caminar, mi amigo, antes de seguirla, acerco su boca a mi y susurró 
- Gracias a Dios que te resbalaste - Sonrió y me deslizo dentro de su bolso.
 No me oyó, porque es imposible que lo haya hecho, y también es imposible que no sepa que lo hice a propositó, pero, es bueno que, a pesar de que no podemos comunicarnos, podamos entendernos.