Desde que tengo memoria me ha gustado leer, ya sean libros, cuentos, frases, historias, y por ahí sigue la línea. Creí que buscaba vivir entre lecturas porque así escapaba de la realidad que me tiene como convicta, o de la rutina que siempre ha estado cansándome, y lograba así viajar a otros lugares, vivir otras vidas, sin siquiera subir a un avión, o tener que volver a nacer, y en parte, es cierto. Pero más recientemente me he dado cuenta de que el origen de mi amor por la literatura no gira completamente en torno a esto, si no que tiene su raíz en otro aspecto que recién ahora descubro: sumergirme en el impecable y deleitoso castellano.
Leo a García Marquez, a Cortázar, o a Benedetti, no precisamente porque gusto de sus historias o personajes, si no porque admiro, respeto y amo la forma en que logran maniobrar el idioma. Hablo de la forma en que saben combinar, coordinar y compaginar cada una de las palabras, la forma en que consiguen envolverte en español de la manera más suave y agradable. Sus vívidas descripciones que te hacen respirar el aire del lugar, o palpar a la persona. Son las vueltas y curvas que dan a la hora de escribir, que te enredan, te hunden y de las cuales nunca he querido salir.
Existen fragmentos, en los que logran expresar de forma tan perfecta sus sentimientos, que puedo sentir como estos mismos corretean por mi cuerpo y estallan en mi pecho, es tanto el esplendor de cada detalle, que logran contagiar alegría, felicidad y tristeza como si estos fueran la viruela. Es como si el sentir se hubiera tomado de la mano con el español y hubieran caminado juntos por un rato, a pesar de la enemistad que existe entre ambos a la hora de escribir, como si el artista hubiera negociado con el uno y con el otro.
Momentos han habido en los que la composición que logró el autor es tan encantadora, que he sentido mariposas revoloteándose en mi estómago, exactamente igual a las que se sienten cuando se está enamorada, y puede que ésto se deba a que esté prendada por la maestría y la destreza que tienen ciertos seres al escribir, no tanto por las ideas o percepciones que les pasean por la cabeza, si no la manera en que usan el castellano para plasmarlas.
También me gustaría acotar que esto no es solo con los libros, también suele suceder con la música, aunque a menor escala y solo con ciertos músicos.
A mi parecer el castellano es el idioma más bonito, el más exquisito, el más expresivo, y si hablamos de fonética, es, sin duda, el más agradable y dulce. Nunca he tenido las mismas sensaciones que tengo al leer o escuchar algo en castellano, que leyendo o escuchando algo en cualquier otra lengua, este idioma logra absorberme de una forma inigualable.
Yo siembro y cultivo mis delirios, cuando han florecido los sirvo para el público en formato escrito
"A mi parecer el castellano es el idioma más bonito, el más exquisito, el más expresivo, y si hablamos de fonética, es, sin duda, el más agradable y dulce". Totalmente de acuerdo
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