Hay algo que me mantiene inspirada día y noche, que me pide por favor ser transformado en literatura pues anhela ser leído por alguien más. No se cómo referirme a él, porque para empezar que ni se si es un él o una ella, tampoco sé si es un sentimiento, un pensamiento, una idea o algo realmente palpable, entonces pido por favor paciencia si me expreso con mucha ambigüedad. Confieso que, en el fondo, me decidí a escribirlo porque me quema el deseo de poder entenderle en su totalidad, de poder definirle, de poder al menos explicarme a mí misma, de modo que, si al terminar la lectura alguno ha logrado entender, pido por favor que se acerque a desembrollarme las ideas y me acompañe a esclarecer conceptos.
Empecemos por el verdadero principio de todo,
empecemos por sus ojos (y me refiero a sus ojos como el principio porque los
considero las ventanas por las que se asoma el alma, y el alma es el lugar
donde nace todo sentimiento real y puro) empecemos por el hecho de que son tan enigmáticos
como el universo, y que siempre que me ven me piden a gritos que pase a
conocerlos, así como también me piden que por favor los acompañe a contar las
estrellas una por una hasta que nos alcance la eternidad. Constantemente están hablándome
y llenando los espacios vacíos en medio de la conversación, y siempre que me
doy cuenta, están buscándome en medio de la multitud. Se podría decir que
exagero, pero su mirada me transmite la energía suficiente como para llevar una
nave espacial a la luna, ida y vuelta veinte veces y sin parar.
Cuando estamos juntos siento que podemos
romper todas las leyes de la astrofísica y fraccionar nebulosas solo con un
suspiro, y no sé cómo, sería bueno preguntarle, pero cada vez que me agarra de
la mano siento como el tiempo se detiene y la gravedad desaparece; a su lado,
he comprobado que no hace falta ser astronauta para recorrer la galaxia. Es por
ello que siempre espero el momento para volverlo a ver, así como un niño que
cuenta los segundos para ver un cometa cruzar el cielo.
Se estrelló en mi vida cual asteroide que
choca contra la tierra, y su llegada me sacudió lo suficiente como para sacarme
de mi orbita. Hemos logrado una interacción gravitatoria más grande que la de
cualquier cumulo galáctico, tanto así que lo he llevado a recorrer mi planeta,
de hecho, más que conocerlo, está causando una verdadera revolución. Y yo aún
no sé, no conozco las coordenadas para llegar al fondo de lo que realmente es,
pero prefiero encontrarlas yo misma, cuando las tenga que encontrar.
Me gusta comparar todo esto con el Big
Bang, porque fue algo explosivo, fuerte y que causo mucha conmoción, y a raíz
de eso se han creado cosas que, en su mayoría, son todavía inexplicables. Me ha
hecho sentir como la estrella central de algún sistema planetario, sobre la
cual orbitan los más hermosos cuerpos celestes. Confieso que me gustaría contar
con su compañía para ir a la vuelta de la esquina, a Saturno, a Júpiter o
incluso a Andrómeda, y pasar todos esos años luz contemplando sus ojos, sus pequeñas
galaxias de bolsillo.
Y aquí me tienen, disfrazada de astronauta,
orbitando perdida, bailando entre las estrellas, sin saber qué es lo que
realmente sucede, esperando no pisar tierra firme nunca más y quedarme
recorriendo los rincones más desconocidos de este universo que he creado sin
querer.
Me encanta, me encanta
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