"Vaya, mi vida parece una de esas malas películas clichés. ¿Y que se supone que deba hacer ahora? ya nada tiene sentido." Era lo único que pasaba por mi mente aquella tarde de camino a la cafetería de la esquina: La mujer de mi vida me dejó por otro, me han botado del trabajo y ahora, como si de nuevo tuviera 11 años, debo ser mantenido por mi madre, a quien le he pedido un poco de dinero para sentarme aquí, para tomarme un capuchino y discutir mi desgracia con la soledad. Traje mi diario, una pluma y un sentimiento de vergüenza que cargo en la espalda, todo lo necesario para pasar una tarde. Pido mi café y me siento en una mesa que estaba en la parte de afuera del local, desde donde podía ver la calle y sentir el humo de los tubos de escape de los autos.
Tomé un sorbo de mi bebida y empece a escribir sobre lo hija de puta e injusta que era mi vida, no pude evitar la salida de dos lagrimas, que se deslizaron por mis mejillas y terminaron su recorrido chocando contra las páginas amarillentas de mi cuaderno. Que barbaridad, con que facilidad se le podía venir el mundo abajo a una persona, con que sencillez todo podía derrumbarse, sin aviso ni razón aparente. Bajé la cabeza y seguí moviendo la pluma.
- Puedo darme cuenta de cuando alguien ha recibido una patada de la vida, solo con verlo. - Dijo una voz ronca junto a mí. Levanté la cabeza y me encontré con la imagen de un hombre entrado en añitos, con un bigote blanco y espeso, mejillas regordetas y una boca sonriente en medio de ellas, con muy escaso cabello en su cabeza. Traía un cigarro encendido en su mano, que aspiraba con aire de superioridad.
- Disculpe, usted está equivocado. - Mentí, no tenía ganas de dar explicaciones y menos a un desconocido.
- ¿Crees que soy tonto? puedo verlo en tus ojos, en la manera en la que sorbes tu café, en la manera en que mueves tu mano al escribir.
- No señor, usted está..
- Es una mujer, es el trabajo, tu voz me lo dice todo. - Caray, el tipo es bueno.
- ¿Usted me ha estado espiando?.
El hombre soltó una sonora carcajada, tomó una silla y se sentó junto a mi. Levantó la mano para llamar la atención de un mesonero, quien pareció reconocerlo y le devolvió el saludo con una gran sonrisa.
- Así que, la vida te está dando uno de sus golpes ¿eh?
- Disculpe señor, pero esto no es de su incumbencia. - ¿Quien se ha creído este tipo que es? metiendose en cosas ajenas, bah, que asco me da cierta gente.
- ¿Sabes? debía conocerte, por algo la vida me ha traído hasta esta cafetería, hasta ti.
- ¿Como dice usted? - Y aquí empece a preguntarme si este hombre no tendría marihuana envuelta en su cigarrillo.
- Ley número uno "no conocemos a nadie por casualidad"
- ¿Y entonces?
- Pues, eso. - Este tipo está demente.
- Disculpe señor ¿podría usted dejarme solo? - Cuando terminé de decir esto, un mesonero apareció con una gran taza de café negro que le entregó a mi nuevo conocido, quien le agradeció con un gesto de la mano. El tipo estaba, literalmente invadiendo mi espacio personal.
- No, no puedo dejarte, debo tomar mi café.
- Señor, le pido por favor que se retire a otra mesa, deseo estar solo.
El hombre aspiró de su cigarro con fuerza, me miró atentamente por un momento, luego soltó el humo en mi cara y dijo:
- Puedo ver en tus ojos que deseas mi ayuda, solo que tu orgullo no te deja. - Arqueó su ceja izquierda y me dirigió una pequeña sonrisa.
Demonios, este hombre loco estaba metiéndose en mi vida a las patadas, pero, a pesar de ello, había algo, no lo se, algo de condescendencia, benevolencia y comprensión en sus ojos, era un pequeño destello que inspiraba confianza y seguridad. ¿Debía confiar? ¿debía contarle todo a este simple desconocido? ¡que carajos! ¡no creo que vuelva a verlo nunca más en mi vida!
- Bueno...
- Sabía que cederías - El hombre se acomodó en su asiento, dichoso.
- La mujer que yo amaba, o bueno, la mujer que amo... - No podía seguir hablando, no sin sentir ese nudo en mi garganta.
- Vamos, continúa. - Dijo el, aspirando de su cigarrillo y brindándome una mirada tranquila y serena.
- Me dejó por otro. Y me botaron de mi trabajo, ahora no soy mas que un inepto, un inútil, un pobre solitario que vive con su madre. - Lo dije muy rápido, las palabras se atropellaron en mi garganta. Bajé la mirada, avergonzado.
- Ya veo, ya veo - dio un largo sorbo a su café y continuó, tan sereno como antes - Óyeme, ¿la tierra ha dejado de girar?
- Eh, no.
- Y sigues respirando ¿cierto?
- Pues, como usted puede ver, así es.
- Muy bien, entonces ¿de que te preocupas?
- ¡¿Como que de que me preocupo?! ¡mi vida se derrumba a mi alrededor!
- Pero respiras, y la tierra aún gira, así que puedes reconstruirla. Todo es posible.
- No es así de fácil.
- Es fácil, es muy fácil. Solo que tu mismo no te dejas verlo así.
- Quisiera verlo a usted en mi lugar.
- Ya estuve allí. - Dijo, mientras apagaba el cigarrillo, lo metía dentro de una servilleta y lo guardaba en su bolsillo.
- No lo creo.
- Créeme.
Alguien que la haya pasado tan mal como la estoy pasando yo no se recuperaría con tan buena actitud.
- Mi mujer me dejó. - continuó el hombre - por uno más joven y adinerado que yo. Seguidamente me botaron de mi trabajo, pero, a diferencia tuya, no tuve hombro donde llorar, y no tuve madre que me pudiera recibir en su casa.
- ¿Y qué hizo usted?
- Pues, reconstruir mi vida, que es exactamente lo que debes hacer tu.
- ¿Como lo hizo?
- Empece a pintar y a vender mis pinturas, me hice famoso.
- Así que ¿yo debo pintar?
- No tonto, a ti te toca hacer algo diferente.
- ¿Qué?
- Si no lo sabes tu, menos lo sabré yo. - Vaya, el tipo es bueno.
- ¿Cómo supo usted que debía hacer?
- Solo presté atención.
- ¿Atención a que? - Inquirí yo. El hombre respiró un poco preocupado, tomó un gran trago de su café, pensó un momento, y continuó.
- Mira, Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, como tu desees llamarle, siempre tiene un plan, que nunca te mostrará, pero, si prestas atención, podrás ver cual es el siguiente paso.
- Pero, no hay siguiente paso, ya la mujer de mi vida me abandonó.
- Entonces ella no tenía que seguir en tu vida. Hay muchas mujeres allá afuera. Quizás ella parezca la única, pero no es así.
- Pero, yo la amo.
-Ella no te ama a ti. - Sus palabras fueron como un garrote atravesando mi pecho. -Debes aprender a vivir y ser feliz con ello. Debes aprender a utilizar tus problemas como trampolín, no como sofá.
- Eso es imposible.
- Óyeme bien, hijo, si Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, puso esto en tu camino es porque tu puedes lidiar con ello.
- Pues, Dios, o fuerza divina, o vida, o universo, o destino, se equivocó, yo no puedo lidiar con ello.
- No, nunca se equivoca. - Ese último comentario me frustró bastante, es decir, realmente, se había equivocado, soy muy débil para poder seguir con esto. - Y tranquilo, lo de tu trabajo se solucionará, pero solo si pones manos a la obra. - Terminó él de decir.
- Con este ánimo no tengo ganas de poner manos a la obra. - Cuando dije aquello, un sentimiento de tristeza, melancolía y amargura se enredó en mi cuello. Quise llorar, pero me tragué mis lagrimas.
- Esta bien, llora. - Dijo él, muy tranquilo.
- ¿Qué?
- Pues que llores.
- Te estas contradiciendo.
- ¿Por qué lo dices?
- Oh, vamos, acabas de decirme que debo ser feliz y toda esa brujería rara tuya, pero ahora, me pides que llore.
- No me estoy contradiciendo.
- Claro que si.
- Llorar es una de las mejores cosas de la vida; es la mejor forma de drenar, de sacar todo eso de ti.
- Entonces...
- Llora. Llora hasta quedar seco, llora hasta que no puedas más, llora hasta que tus glándulas lagrimales se vacíen y tengas que ir a un médico a que te pongan unas nuevas. Una vez que todo eso haya terminado, levántate, y sigue adelante, lleno de felicidad.
- No puedo hacer eso, no puedo ser feliz de nuevo.
- Claro que si, solo tienes que aprender a decirle "Jódete" al mundo, de vez en cuando, cada vez que sea necesario.
- Estas loco.
- ¡Gracias!
- Eso no ha sido un halago.
- Para mi lo es, me alegra que ya sepas exactamente como soy, a pesar de tener tan poco tiempo conociéndonos.
- Eeehh...
- Veras, mi mente es un lugar bastante curioso, me entretengo mucho recorriendolo. - Pude notar que estaba apurando sus palabras, quizás ya debía irse.
- Haz perdido el poco de cordura que te quedaba.
- Estoy loco, feliz, enamorado de la vida y de mi mismo.
- ¿Pero como puedes amar la vida después de todo lo que te ha hecho?
- La amo por todo lo que me ha hecho. Por todos los golpes que me ha dado, por todos los empujones, por todas las patadas.
- ¿Como es eso posible?
- Lo hace por mi bien, para que yo aprenda a ser fuerte, para que aprenda vivir, no solo a sobrevivir. La vida es una excelente maestra, si no aprendes la lección, te la repite. - Dio el último sorbo a su café.
- Ella es bastante hija de puta.
- No, no, es solo que utiliza un método bastante diferente, pero efectivo: ella te da el examen y luego, te enseña la lección.
- Pero, es que ¿que puedo aprender de esta experiencia? nada, no veo ninguna lección.
- Quizás ahorita te parezca así, pero más adelante los puntos se unirán, y comenzaras a entender. No juzgues al universo.
- Pero...
- Confía en la vida, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. - Dijo él, mientras sacaba dinero de su bolsillo y lo colocaba junto a su taza de café ahora vacía. - Ya debo irme, pero, si la vida lo quiere, volveremos a encontrarnos. - Dijo mientras se levantaba de la silla, y encendía un nuevo cigarrillo. - Adiós, ha sido un verdadero placer - Se dio media vuelta para irse, pero luego de avanzar unos pocos pasos, se detuvo, me observó y dijo - Y, no es por arruinarte el final pero, todo va a estar bien. - Sonrió, y siguió su camino.
- ¡Oye! - Lo detuve con un grito. Él se dio la vuelta, sonriendo. - ¡Gracias por todo, lunático! - Él se limitó a hacerme un gesto con la mano, y aspirar de su cigarrillo. Tomó un taxi, y se fue.
Yo siembro y cultivo mis delirios, cuando han florecido los sirvo para el público en formato escrito
Monday, September 24, 2012
Monday, September 10, 2012
Confluencia con las palabras.
Fue una tarde en la que me encontraba completamente sola, viajando por uno de mis mundos distantes, cuando me formulé a mi misma, y de golpe, la siguiente interrogante "¿quién soy?" claro, la típica pregunta de una adolescente frustrada, y, como era de esperarse, me respondí a mi misma con una pizca de incomodidad "Isabela Naranjo" eso aclaro mi duda por un momento, pero allí brotaron en mi nuevas preguntas "¿qué hay detrás de ella?, ¿quien es?, ¿que quiere? y ¿que espera?" esperé entonces a que mi "otra yo" me respondiera, pero no hubo ninguna réplica, y eso me frustró mucho más. ¿Donde podía buscar? ¿cual podía ser mi referencia? entonces supe en ese momento "no hay ningún lugar ostensible y palpable, ni ninguna referencia" Entonces me di cuenta "están dentro de mí, solo hay que buscar" llegué entonces a una dos nuevas, y quizás, las más difíciles disyuntivas "¿cómo buscar?" y, si lograba encontrarlas "¿cómo saber que eran las respuestas correctas?"
Me senté un buen día frente a la pantalla de mi computadora, y sin saber como ni de que manera, llegué aquí, presioné el botón "Crear nueva entrada" y sin saber como empezar, como avanzar ni como terminar, empece a deslizar mis dedos por el teclado; las ideas se amotinaban en mi mente, las palabras saltaban sobre mí, los personajes empezaban a salir, yo solo escribía sin pensar, y sin saber que esperar. Fue una experiencia un poco angustiosa y casi ficticia al mismo tiempo. Al colocar el punto y final me sentí un poco mas libre, un poco mas suelta, un poco mejor, entonces, se respondieron unas preguntas "escribir me llena, esa insulsa y fantástica lucha con el idioma me apasiona, quiero hacerlo hasta el momento en que muera y espero que algún dia mis palabras marquen la vida de algún ser humano"
Me di cuenta que escribiendo "desempolvaba" los olvidados rincones de mi mi mente, y de mi persona. Y a medida que fui escribiendo mas y mas entradas descubría más y más cosas sobre mi, y déjenme decirles, conocerme ha sido un verdadero placer.
Escribiendo mis siete entradas me he dado cuenta de que amo las cosas complejas, las cosas que no se conocen completamente a simple vista, los remolinos de ideas y las preguntas, de que idolatro a las personas a las que no les descubres la personalidad en la primera conversación, las personas diferentes, de que valoro lo original, las cosas ambiguas, lo extraño. Pude ver entonces que soy un cocktail, un conglomerado, una mezcla de personalidades, todas presentadas en pequeñas dosis en cada una de las historias que escribo.
Aun no se quien soy, aun no estoy completamente segura, no creo que este cerca de poder responder esta pregunta, no creo que nadie pueda.
Descubro un poco de mí a cada segundo, y así, descubro un poco el resto del mundo.
Saturday, September 1, 2012
3a parte. La dulce salida a la amarga dificultad.
La muerte del pequeño cachorrito afectó bastante a la señora Fiorella "Te creía un poco más inteligente, Bruno" y "Yo entiendo que Otto no te caía muy bien, pero no tenías que dejarlo morir" fueron las palabras de la gorda señora. Como era de esperarse, Bruno fue despedido, y la señora Fiorella organizo un pequeño entierro en el parque de la esquina, y, por supuesto él no fue invitado.
Todos creyeron que él no había luchado para salvar al cachorrito; sus hermanos, su abuela, sus compañeros del colegio, vecinos.. la única persona que confiaba en su inocencia, era su abuelo. Pasaron los días y Bruno intentó buscar trabajo con otros vecinos, ofreciendo servicios de todo tipo, pero la señora Fiorella se había encargado de compartir la patraña con todos, y ya Bruno era conocido como "el pequeño asesino de perros".
Luego de la escuela, Bruno iba a tocar timbres, esperando que alguien lo tomara en cuenta y quisiera contratarlo; algunos le decían "No necesito ninguna clase de servicio" lo cual claro, era un mentira, otros se limitaban a ignorarlo por completo y no abrir nunca la puerta, pero habían otros que le decían de frente "No quiero muchachos como tu en mi casa".
Una de esas muchas tardes, luego de infinitos rechazos, Bruno llegó a casa, abatido, desesperanzado. Cerró la puerta con un golpe, y con la cabeza baja, se fue directo a su cuarto. Su abuelo lo detuvo con un grito desde la mecedora. "¡Bambino! ¿Por qué la cara larga?" Bruno solo quería ir a su cuarto, estar solo, pero, aún así, no quería dejar a su abuelo hablando solo.
- Ah, nonno, es que... nadie quiere contratarme. - Contestó, intentando sonreír.
- Oh, pequeño, ven aquí. - Dijo su abuelo, sonriendo, y abriendo sus brazos. Bruno corrió hacia él a abrazarlo. - Pero, déjame decirte que siempre parece imposible, hasta que esta hecho. Quizás tu bicicleta está mucho más cerca de lo que crees.
- Desde cierto punto de vista, mi bicicleta está cerca, porque, me falta poco dinero, pero, viéndolo desde otra perspectiva... está lejos, porque no tengo forma de ganar más. - Una lágrima bajó por su mejilla.
- En cierta forma, es bastante gracioso.
- Nonno... - Su abuelo solía ser bastante bromista, pero ciertamente, ese no era el mejor momento.
- Perdóname Bambino - Lo levantó y se lo sentó en las piernas - solo intenté hacerte sonreír.
- Pues no lo lograste. - Bajó la mirada. Su abuelo puso su manos bajo la delgada barbilla de Bruno y levantó su cara suavemente.
- Confía en la vida bambino, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
La mirada de Bruno se llenó de confusión.
- No... entiendo.
- Es que la vida no puede entenderse ¡si ni siquiera podemos entendernos a nosotros mismos!
Bruno se confundió aún más.
- Tu... solo confía en la vida. - Dijo su abuelo, acariciándole la cabeza con delicadeza.
- Sigo sin entender - Insistió
Su abuelo le sonrió, lo colocó en el piso con suavidad, se levantó de la mecedora y se fue a la cocina.
Raras eran las veces que Bruno o cualquiera de sus hermanos comprendían las palabras de su abuelo; eran complejas e intrigantes, pero a la vez sabias y conmovedoras. Su nonno, sabía mucho sobre muchas cosas, era un hombre excepcional, culto y cariñoso, "un sabio" como decía el hermanito de Bruno.
Una parte de él le decía que debía confiar en la vida, como se le había dicho, otra parte le decía que no había nada en que confiar, ya la vida lo había traicionado, pero una tercera y más grande parte de él le decía que debía levantarse e irse a su habitación, porque agachado allí estaba dañándose las rodillas.
Respiró hondo, apoyó su mano en el asiento, y se levantó, pero, cuando lo hizo la mecedora se inclinó hacia adelante, un sobre blanco cayó al suelo. Bruno lo recogió, y vio que tenía escrito en tinta negra y con la característica letra cursiva de su abuelo "Un regalo. No debes agradecerme nada.". Adentro había dinero... ¡el que necesitaba para comprar la bicicleta! ¡Era la dulce salida de la amarga dificultad!
A la mañana siguiente, sábado, Bruno se levantó muy temprano, desayunó y se fue a buscar la bicicleta, con el sobre lleno de dinero en su bolsillo. Finalmente, estaba a solo pasos de su tesoro, por el que había trabajado por tantos meses, por la que había masajeado patas, bañado y alimentado a dos perrotes con problemas para controlar la ira y un perrito malcriado; le había salido demasiado caro.
Llegó a la tienda con una sonrisa pintada en la cara, la cual se borró rápidamente, cuando se asomó en la vidriera y se percató de que allí no estaba la bicicleta. Bruno se precipitó rápidamente en la tienda.
- ¡Señor! ¿Y la bicicleta que ha estado en la vidriera todos este tiempo?
- La vendí. - Contestó el vendedor, muy antipático.
- ¿CÓMO DICE? - A Bruno se le vino el mundo encima.
- Que la vendí, ayer una niña vino y la compró
- No.. no pudo haberla vendido
- Si, si pude. Debiste haber llegado antes.
- ¿Está usted seguro?
- Completamente seguro.
Esa respuesta fue como un balde de agua fría en la cabeza de Bruno. Bajó la mirada, y se fue lentamente de la tienda. Una nube negra se posó sobre la cabeza de Bruno. Al vendedor se le arrugó el corazón.
"Espero que la vida tenga una muy dulce salida a esta sumamente amarga dificultad" dijo Bruno para sus adentros.
- Em, niño, espera.... tu....realmente querías una bicicleta... ¿no es así? - Preguntó el hombre, con un poco de tristeza en su cara.
- Si señor, con todas mis fuerzas - Dijo Bruno, deteniéndose, pero sin mirarlo.
- Espera...Creo que tengo otra por aquí - Y se fue rápidamente a la trastienda.
Ya empezaba a salir el sol. Y la sonrisa que antes se había borrado del pequeño, volvió a aparecer. ¡La vida no podía ser tan injusta con un pequeño niño inocente!
- Bueno.. - Dijo el hombre saliendo de la habitación, con una bicicleta vieja, decrépita, achacosa, estropeada, gastada, con un caucho espichado, en fin, una verdadera basura. - No está nueva. Le perteneció a un chico que trabajó aquí anteriormente, lleva años guardada allí. Con unos cuantos arreglos, quedará como nueva.
Y esa sonrisa volvió a desaparecer. Bruno dudó, pero, ya no había nada mas.
- Y... ¿en cuanto me la dejaría? - Preguntó Bruno.
- No te cobraré.
- ¿En serio?
- Tendrás que hacerle arreglos, no serán gratis, y tampoco baratos.
Bueno, al menos era una bicicleta.
- ¡Me la llevo! - Fingió alegría. El hombre sonrió, sintió que había colaborado en una obra de caridad. Le entregó la bicicleta y Bruno fue inmediatamente a el taller que estaba a dos cuadras. Al principio estaba bastante deprimido, porque había trabajado demasiado por algo que ahora nunca tendría, y en su lugar tenía una basura, por la que debía pagar para arreglarla ¡la vida era una verdadera descarada!. Pero, quizás no era tan malo, al menos tenía una bicicleta, dañada y decrepita, pero la tenía.
Llegó al pequeño taller, que pertenecía a un viejo amigo de su abuelo.
- ¡Hola pequeño! - Lo saludó Claudio, el viejo y gordo dueño al verlo entrar.
- ¡Claudio! ¿crees que puedas hacer algo con esto?
- Eeeh.. ¿qué es eso? - Dijo señalándola con desagrado.
- Una bicicleta.
- ¿Estás seguro de que lo es?
- Pues, eso espero...
Claudio la miró de cerca y con mucha atención, y se puso a calcular cuanto le costaría. Él sabía que la familia de Bruno no tenía mucho dinero, y que de seguro no podrían pagarle.
- Mmmm... creo que puedo, pero no será barato
- ¿Basta con esto? - Preguntó Bruno, entregándole el sobre. Claudio lo abrió y contó los billetes muy superficialmente.
- Si, está completo. Te avisaré con tu abuelo cuando esté lista ¿de acuerdo?
Bruno dio una sincera sonrisa como respuesta, y se fue a su casa, a contarle a su abuelo lo que le había pasado.
De camino a casa, se puso a pensar, y llegó a la conclusión de que, en cierta forma, era el niño con más suerte en el mundo; quizás con todos los arreglos, esa carcacha llegaría a ser mil veces mejor que la otra bicicleta. A Bruno no siempre le salían bien las cosas, pero casi siempre buscaba el lado bueno de los problemas.
Al llegar a su pequeña casa, vio a una ambulancia estacionada afuera, no podía ser nada bueno.
Todos creyeron que él no había luchado para salvar al cachorrito; sus hermanos, su abuela, sus compañeros del colegio, vecinos.. la única persona que confiaba en su inocencia, era su abuelo. Pasaron los días y Bruno intentó buscar trabajo con otros vecinos, ofreciendo servicios de todo tipo, pero la señora Fiorella se había encargado de compartir la patraña con todos, y ya Bruno era conocido como "el pequeño asesino de perros".
Luego de la escuela, Bruno iba a tocar timbres, esperando que alguien lo tomara en cuenta y quisiera contratarlo; algunos le decían "No necesito ninguna clase de servicio" lo cual claro, era un mentira, otros se limitaban a ignorarlo por completo y no abrir nunca la puerta, pero habían otros que le decían de frente "No quiero muchachos como tu en mi casa".
Una de esas muchas tardes, luego de infinitos rechazos, Bruno llegó a casa, abatido, desesperanzado. Cerró la puerta con un golpe, y con la cabeza baja, se fue directo a su cuarto. Su abuelo lo detuvo con un grito desde la mecedora. "¡Bambino! ¿Por qué la cara larga?" Bruno solo quería ir a su cuarto, estar solo, pero, aún así, no quería dejar a su abuelo hablando solo.
- Ah, nonno, es que... nadie quiere contratarme. - Contestó, intentando sonreír.
- Oh, pequeño, ven aquí. - Dijo su abuelo, sonriendo, y abriendo sus brazos. Bruno corrió hacia él a abrazarlo. - Pero, déjame decirte que siempre parece imposible, hasta que esta hecho. Quizás tu bicicleta está mucho más cerca de lo que crees.
- Desde cierto punto de vista, mi bicicleta está cerca, porque, me falta poco dinero, pero, viéndolo desde otra perspectiva... está lejos, porque no tengo forma de ganar más. - Una lágrima bajó por su mejilla.
- En cierta forma, es bastante gracioso.
- Nonno... - Su abuelo solía ser bastante bromista, pero ciertamente, ese no era el mejor momento.
- Perdóname Bambino - Lo levantó y se lo sentó en las piernas - solo intenté hacerte sonreír.
- Pues no lo lograste. - Bajó la mirada. Su abuelo puso su manos bajo la delgada barbilla de Bruno y levantó su cara suavemente.
- Confía en la vida bambino, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
La mirada de Bruno se llenó de confusión.
- No... entiendo.
- Es que la vida no puede entenderse ¡si ni siquiera podemos entendernos a nosotros mismos!
Bruno se confundió aún más.
- Tu... solo confía en la vida. - Dijo su abuelo, acariciándole la cabeza con delicadeza.
- Sigo sin entender - Insistió
Su abuelo le sonrió, lo colocó en el piso con suavidad, se levantó de la mecedora y se fue a la cocina.
Raras eran las veces que Bruno o cualquiera de sus hermanos comprendían las palabras de su abuelo; eran complejas e intrigantes, pero a la vez sabias y conmovedoras. Su nonno, sabía mucho sobre muchas cosas, era un hombre excepcional, culto y cariñoso, "un sabio" como decía el hermanito de Bruno.
Una parte de él le decía que debía confiar en la vida, como se le había dicho, otra parte le decía que no había nada en que confiar, ya la vida lo había traicionado, pero una tercera y más grande parte de él le decía que debía levantarse e irse a su habitación, porque agachado allí estaba dañándose las rodillas.
Respiró hondo, apoyó su mano en el asiento, y se levantó, pero, cuando lo hizo la mecedora se inclinó hacia adelante, un sobre blanco cayó al suelo. Bruno lo recogió, y vio que tenía escrito en tinta negra y con la característica letra cursiva de su abuelo "Un regalo. No debes agradecerme nada.". Adentro había dinero... ¡el que necesitaba para comprar la bicicleta! ¡Era la dulce salida de la amarga dificultad!
A la mañana siguiente, sábado, Bruno se levantó muy temprano, desayunó y se fue a buscar la bicicleta, con el sobre lleno de dinero en su bolsillo. Finalmente, estaba a solo pasos de su tesoro, por el que había trabajado por tantos meses, por la que había masajeado patas, bañado y alimentado a dos perrotes con problemas para controlar la ira y un perrito malcriado; le había salido demasiado caro.
Llegó a la tienda con una sonrisa pintada en la cara, la cual se borró rápidamente, cuando se asomó en la vidriera y se percató de que allí no estaba la bicicleta. Bruno se precipitó rápidamente en la tienda.
- ¡Señor! ¿Y la bicicleta que ha estado en la vidriera todos este tiempo?
- La vendí. - Contestó el vendedor, muy antipático.
- ¿CÓMO DICE? - A Bruno se le vino el mundo encima.
- Que la vendí, ayer una niña vino y la compró
- No.. no pudo haberla vendido
- Si, si pude. Debiste haber llegado antes.
- ¿Está usted seguro?
- Completamente seguro.
Esa respuesta fue como un balde de agua fría en la cabeza de Bruno. Bajó la mirada, y se fue lentamente de la tienda. Una nube negra se posó sobre la cabeza de Bruno. Al vendedor se le arrugó el corazón.
"Espero que la vida tenga una muy dulce salida a esta sumamente amarga dificultad" dijo Bruno para sus adentros.
- Em, niño, espera.... tu....realmente querías una bicicleta... ¿no es así? - Preguntó el hombre, con un poco de tristeza en su cara.
- Si señor, con todas mis fuerzas - Dijo Bruno, deteniéndose, pero sin mirarlo.
- Espera...Creo que tengo otra por aquí - Y se fue rápidamente a la trastienda.
Ya empezaba a salir el sol. Y la sonrisa que antes se había borrado del pequeño, volvió a aparecer. ¡La vida no podía ser tan injusta con un pequeño niño inocente!
- Bueno.. - Dijo el hombre saliendo de la habitación, con una bicicleta vieja, decrépita, achacosa, estropeada, gastada, con un caucho espichado, en fin, una verdadera basura. - No está nueva. Le perteneció a un chico que trabajó aquí anteriormente, lleva años guardada allí. Con unos cuantos arreglos, quedará como nueva.
Y esa sonrisa volvió a desaparecer. Bruno dudó, pero, ya no había nada mas.
- Y... ¿en cuanto me la dejaría? - Preguntó Bruno.
- No te cobraré.
- ¿En serio?
- Tendrás que hacerle arreglos, no serán gratis, y tampoco baratos.
Bueno, al menos era una bicicleta.
- ¡Me la llevo! - Fingió alegría. El hombre sonrió, sintió que había colaborado en una obra de caridad. Le entregó la bicicleta y Bruno fue inmediatamente a el taller que estaba a dos cuadras. Al principio estaba bastante deprimido, porque había trabajado demasiado por algo que ahora nunca tendría, y en su lugar tenía una basura, por la que debía pagar para arreglarla ¡la vida era una verdadera descarada!. Pero, quizás no era tan malo, al menos tenía una bicicleta, dañada y decrepita, pero la tenía.
Llegó al pequeño taller, que pertenecía a un viejo amigo de su abuelo.
- ¡Hola pequeño! - Lo saludó Claudio, el viejo y gordo dueño al verlo entrar.
- ¡Claudio! ¿crees que puedas hacer algo con esto?
- Eeeh.. ¿qué es eso? - Dijo señalándola con desagrado.
- Una bicicleta.
- ¿Estás seguro de que lo es?
- Pues, eso espero...
Claudio la miró de cerca y con mucha atención, y se puso a calcular cuanto le costaría. Él sabía que la familia de Bruno no tenía mucho dinero, y que de seguro no podrían pagarle.
- Mmmm... creo que puedo, pero no será barato
- ¿Basta con esto? - Preguntó Bruno, entregándole el sobre. Claudio lo abrió y contó los billetes muy superficialmente.
- Si, está completo. Te avisaré con tu abuelo cuando esté lista ¿de acuerdo?
Bruno dio una sincera sonrisa como respuesta, y se fue a su casa, a contarle a su abuelo lo que le había pasado.
De camino a casa, se puso a pensar, y llegó a la conclusión de que, en cierta forma, era el niño con más suerte en el mundo; quizás con todos los arreglos, esa carcacha llegaría a ser mil veces mejor que la otra bicicleta. A Bruno no siempre le salían bien las cosas, pero casi siempre buscaba el lado bueno de los problemas.
Al llegar a su pequeña casa, vio a una ambulancia estacionada afuera, no podía ser nada bueno.
(Continuará...)
Subscribe to:
Comments (Atom)